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Historias casi perdidas

La historia de William Gutiérrez, campeón en básquetbol y fútbol con tres camisetas

El deportista brilló en Bohemios junto a Tato López, cambió de disciplina, jugó en Nacional y levantó copas con Progreso y Defensor.

28 de noviembre de 2025 - 19:57

William Gutiérrez nació en Mercedes, y allí practicó remo, natación, paleta, ciclismo, atletismo, además de fútbol y básquetbol. Su padre, comisario, fue trasladado a Egaña, y allí se proyectó como un peligroso número 9 en las canchas del pueblo.

En una familia de manyas, su padre, el único bolso, lo acompañaba a todos lados, y por eso le prometió que un día jugaría en Nacional “hasta que un día se dio”.

Ya de adolescente llegó a probar suerte a la capital, pero no podía jugar al fútbol porque las horas de práctica coincidían con las de estudio. Sin embargo, el deporte le dio una chance, aunque en otra disciplina. Como vivía cerca de la cancha de Bohemios, empezó a frecuentar las prácticas, se probó y terminó poniéndose la casaca del albimarrón, con el que alcanzó tres títulos federales y dos liguillas.

Horacio “Tato” López, figura descollante de ese equipo, recuerda que “Willi era un jugador inusual para la época”.

Al tiempo le llegó la propuesta de jugar en Defensor Universitario, a instancias de Ney Castillo, el médico de Bohemios. Así, volvió al fútbol, sin dejar el básquetbol. Un día lo invitaron a un restaurante y, “de pesado” le hicieron firmar contrato en El Tanque. Gutiérrez arrancaba la jornada a las 5:00, y repartía el día entre el trabajo en UTE, El Tanque y Bohemios.

Sus virtudes lo llevaron a Progreso en 1989. “Se armó un equipo para pelear el descenso y fuimos ganando, ganando, ganando y estábamos imparables”, dice, al punto que se quedaron con el campeonato de ese año. Así llegó a Nacional, donde cumplió su sueño y su promesa infantil. “Fue algo espectacular”, se emociona.

Luego de una temporada, vio que no tenía muchas chances de ganar minutos en el Bolso y se fue a Defensor. Allí fue campeón uruguayo y de la Liguilla.

Y, además, jugó en la selección: “Hasta el día de hoy parece que tengo la Celeste puesta porque no me la saqué más”.

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