4 de abril de 2026 - 15:41 La central nuclear de Bushehr, la única instalación civil operativa de Irán, volvió a quedar en el foco tras los recientes bombardeos en el marco del conflicto con Estados Unidos e Israel. Se trata de una planta clave para la generación de energía en ese país y, al mismo tiempo, de un punto sensible por su cercanía a otros Estados del Golfo.
Ubicada en el sur iraní y equipada con un reactor de 1.000 megavatios, la central fue construida con participación de Rusia y comenzó a operar oficialmente en 2013, tras décadas de retrasos vinculados a cambios políticos y conflictos en la región.
En las últimas semanas, el sitio fue alcanzado en varias ocasiones por ataques aéreos. El más reciente dejó al menos un muerto y llevó a evacuar a trabajadores extranjeros. Organismos internacionales y autoridades rusas manifestaron preocupación, aunque no se detectaron niveles de radiación tras los bombardeos.
Conflictos, uso energético y tensión internacional
La construcción de Bushehr comenzó en 1975, durante el gobierno del sah, con participación de una empresa alemana. Sin embargo, la revolución islámica de 1979 y la posterior guerra entre Irán e Irak interrumpieron las obras durante años.
El proyecto fue retomado en la década de 1990 con apoyo ruso, en medio de tensiones internacionales por el desarrollo nuclear iraní. Finalmente, tras múltiples demoras, la planta entró en funcionamiento más de una década después de lo previsto.
A diferencia de otras instalaciones nucleares iraníes vinculadas al enriquecimiento de uranio, Bushehr está destinada a la generación de energía eléctrica. Por ese motivo, no es considerada en sí misma una instalación de riesgo directo para la proliferación nuclear.
Sin embargo, el programa nuclear iraní ha sido objeto de cuestionamientos por parte de Estados Unidos y otros países occidentales, que sostienen que podría tener fines militares, algo que Teherán rechaza.
Preocupación en la región
La ubicación de la central también genera inquietud. Bushehr está a más de 750 kilómetros de Teherán, pero más cerca de capitales del Golfo como Kuwait o Doha, lo que aumenta el temor ante un eventual incidente.
Países de la región han advertido sobre el riesgo de fugas radiactivas, especialmente en una zona con actividad sísmica. En ese contexto, los ataques recientes reavivaron las alertas internacionales sobre la seguridad de este tipo de instalaciones en medio de un conflicto armado.