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Real Madrid se proclamó campeón de la Champions tras vencer a Liverpool

El equipo madridista conquistó su 13ª Copa de Europa tras un histórico gol de Bale.

26 de mayo de 2018 - 00:00

La entrada en la final de Gareth Bale, con una chilena de ensueño en el primero de su dos tantos, impulsó la leyenda del rey de Europa, un Real Madrid que conquistó en Kiev su decimotercera 'Champions', ante un Liverpool que acusó la lesión de Salah y acabó siendo víctima de los errores de su arquero.

La Liga de Campeones de las chilenas. De la deseada de Cristiano Ronaldo en cuartos a la de Bale en la final. Un tanto de dibujos animados que decidió una gran final de Liga de Campeones.

Del Real Madrid de Alfredo Di Stéfano al de Cristiano, que dejó un mensaje enigmático sobre su futuro en un Real Madrid que firmó un hecho inédito con tres títulos consecutivos, una hegemonía inalcanzable con la conquista de cuatro Ligas de Campeones de las cinco últimas.

Los grandes partidos son imprevisibles. Cualquier plan trazado cambia el rumbo por un detalle inesperado, como la lesión de Salah, un frenazo a la exhibición física del Liverpool, que salió a morir a la cancha. Once años sin una final invitaba a retar el reinado madridista en Europa a base de coraje. La presión asfixiante, velocidad con la pelota y verticalidad, anularon de inicio todas las virtudes del Real Madrid.

El Liverpool mostró por qué se convirtió en el equipo más goleador de una edición de 'Champions'. Su presencia en la final estaba justificada con unos minutos de vértigo que finalizaron por el impacto psicológico de perder a su estrella. Ramos 'mordió' por una pelota y en el choque con una roca el rival siempre tiende a salir malparado.

La caída de Salah, jugador revelación del año con 44 tantos, fue en tan mala postura que su hombro izquierdo quedó dañado. El partido de su vida había llegado al final. Su intento por volver acabó en un mar de lágrimas de impotencia.

Con su líder en la final el Liverpool fue imparable. No dio ninguna opción a respirar al Real Madrid, incapaz de tener la pelota, víctima sus jugadores de calidad de un sistema de ayudas del que era imposible salir. El inicio demoledor en lo físico exigía máxima concentración defensiva.

Instaló los nervios en la salida de pelota madridista. Varane y Ramos achicaban agua como podían ante el juego directo inglés. Tapándose uno a otro con velocidad. Los laterales, arma clave ofensiva de Zidane, bastante tenían con mantenerse en pie ante la avalancha.

El Real Madrid pedía a gritos la aparición de Modric, de Isco, de uno de sus magos con criterio para pisar la pelota y detener el tiempo. Desaparecían en ayudas defensivas, con Zidane gritando para que sus jugadores adelantasen líneas.

Cristiano se desesperaba con gestos hacia sus compañeros para buscar una reacción, metido en una final en la que rebajó su protagonismo para aprovechar cualquier despiste. Lo tenía Firmino y el portugués avisaba con un disparo desde la derecha que se iba cerca del travesaño.

El punto de inflexión fue la lesión de Salah, un directo al mentón del Liverpool que perdía velocidad pero ganaba control con Lallana. Respiraba el Real Madrid que pasaba a adueñarse de la pelota, a encontrar la movilidad de Benzema, haciendo daño cayendo a bandas y asociándose en el inicio de un recital en su lectura de partido.

El plan de Zidane se alteró por una situación inesperada. Carvajal caía en la batalla. Una nueva lesión muscular que metía en la final al comodín Nacho, un seguro de vida. La pelota se tiñó de blanco y la recta final del trepidante primer acto dejó un serio aviso del campeón.

En cuanto apareció Isco, que puso una pelota medida desde el costado derecho al vuelo de Cristiano. Su potente golpe lo sacó con una mano salvadora abajo Karius, en su acción más brillante de una final que será su mayor pesadilla de por vida.

El rechace lo mandaba a la red Benzema en una acción anulada por el árbitro. El francés estaba metido como nunca en el partido, respondiendo a la confianza de Zidane, que apostó por él en el once pese a su bajo rendimiento en la temporada. A la hora de la verdad justificó su presencia. Con un doblete salvador en semifinales y una final para enmarcar.

Cerró la primera parte con una pelota medido a la incorporación de Nacho, que chutaba al lateral de la red, y un disparo lejano ajustado al poste. 

No hubo tiempo para las lamentaciones. Al espectáculo solo le faltaban los goles de dos equipos nacidos para atacar y Benzema encontró un nuevo regalo de un arquero. Ante el Bayern en semifinales, con resbalón de Ulreich, y una concesión increíble de Karius en la final.

De una pelota larga de Kroos que detuvo el arquero nació el saque con la mano de puerta, la intuición de Karim para meter el pie y mandarlo a la red en uno de los tantos más absurdo de una final en el fútbol moderno.

Isco se iba del campo a la hora de partido. Tras probar a Karius con un buen remate a centro de Nacho. Zidane sacrificaba su magia porque aceptaba el intercambio de golpes en el juego directo que le planteaba Klopp. Bale entraba en escena. Era su final.

La primera pelota que tocó, al centro de derecha de Marcelo, se inventó una chilena de ensueño. En el aire, de zurda, golpeó el esférico con una fuerza imparable. Un gol de dibujos animados que ensanchaba la leyenda europea del Real Madrid. El tanto soñado por cualquier en la tercera final marcando del galés.

Si era su último partido de blanco no pudo tener un mejor final. Los intentos a la desesperada del Liverpool murieron en un disparo lejano de Mané. Cómodo con espacios los hombres de Zidane, sentenciaron. Casemiro regaló el gol a Cristiano, que perdonó lento en la definición. Salvaba Robertson poco antes de que Karius extendiese su noche negra. Un zurdazo lejano de Bale le dobló las manos y el balón besaba la red en el punto final a un gran espectáculo.

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