Por Gonzalo Terra
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El 31 de enero de 2011, el Teniente Coronel Gilberto Vázquez, procesado por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura, confesó ante la periodista María José Frías mucho de lo que en estas horas trasciende a partir de la divulgación de las actas del Tribunal de Honor ante el que el militar compareció en 2006. El militar habló de torturas, muertes, enterramientos, limpieza de rastros, sus operaciones en Argentina, el acuerdo con el gobierno, la relación con el MLN en los años ‘90 y mucho más.
El pensamiento del represor Gilberto Vázquez y los hechos en los que participó fueron detallados en aquel reportaje a lo largo de dos páginas del entonces diario Últimas Noticias. En negro sobre blanco para no dejar lugar a dudas. María José Frías, valiéndose de un grabador y su enorme capacidad para preguntar y repreguntar, obtuvo valiosas declaraciones que entregó a los lectores. Y convirtió esa entrevista en otra valiosa pieza de este rompecabezas llamado historia reciente.
Fue una dura conversación que generó todo tipo de reacciones políticas. Por ejemplo, días después, el ex presidente Tabaré Vázquez, entrevistado por Aldo Silva en un programa radial, negó haber pactado la prisión de militares a cambio de la aparición de restos de desaparecidos. Según Gilberto, eran ocho años presos y “dar vuelta la página”. Lo mismo que le dijo al Tribunal Militar cinco años antes.
Pero lo que reveló Gilberto Vázquez en 2011 no cambió nada. No había en aquel momento un clima político para hacer mucho ruido en temas tan sensibles. Ni siquiera si la confesión partía de un integrante del Ejército, activo en el Servicio de Información de Defensa (SID), integrante desde el comienzo del Plan Cóndor y del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubersivas (OCOA).
Prueba de ello es que un año después de sus dichos en los que admite torturas y muertes, a instancias del Ministerio de Defensa, se formó otro Tribunal de Honor, esta vez con el único cometido de determinar su buena conducta. Sus compañeros de armas verificaron que la conducta de Vázquez, acusado por estar implicado en la muerte de 29 personas, fue intachable durante cinco años. Y así, el 12 de diciembre de 2012, Mujica y Huidobro estamparon su firma en una resolución que le devolvió el 100% de sus haberes. Tras su fuga el 4 de julio de 2006, Vázquez pasó a reforma y perdió dos tercios de sus ingresos. Con el fallo de 2012, retomó su grado militar y el 100% de los ingresos.
Para Fernández Huidobro fue lo justo: “El Poder Ejecutivo, previo asesoramiento jurídico, homologó dicho fallo. No se entiende qué es lo que reclaman ciertos periodistas e internautas: ¿El incumplimiento de la Ley? ¿La incautación de los haberes jubilatorios de los presos? ¿Que les peguemos? ¿Que los torturemos? ¿Que persigamos a sus familias? ¿Hasta qué generación? ¿Hasta qué lazo de consanguinidad? Por más que griten, no somos ni seremos verdugos ni fascistas”.
Más allá de todo, la entrega de las actas del Tribunal de Honor a Familiares de Detenidos Desaparecidos marca una nueva etapa, aunque los datos sean conocidos, están estampados en un documento oficial con el que las anteriores autoridades no hicieron nada.
Y así, el debate sobre lo ocurrido hace más de 50 años en el país vuelve a ocupar espacios en la prensa. Porque la dramática y repulsiva magnitud de los hechos, aunque sea la misma en esencia, parece cambiar drásticamente según el contexto en el que se hacen públicos. Esto nos lleva a discutirlos una y otra vez como si atrapados en una banda de Moebius estuviéramos.
La entrevista de María José Frías es extensa, pero vale la pena leerla íntegramente. En aquel momento, con José Mujica recién asumido en la Torre Ejecutiva y Eleuterio Fernández Huidobro al frente del Ministerio de Defensa, Gilberto Vázquez, más conocido por sus circunstanciales enemigos y camaradas como “Judío”, “Diente” o “307”, habló de las torturas que él mismo realizó, del procedimiento a seguir cuando alguien “se nos quedaba”, de su orgullosa participación en el Plan Cóndor, del “acuerdo” para ir preso por ocho años y así quitarle presión al gobierno por el tema Derechos Humanos y de los encontronazos con el Movimiento de Liberación Nacional a comienzos de la década de los ‘90 que pudieron terminar en un enfrentamiento armado.
El hombre oriundo de Rivera que cinco años antes intentó escaparse de la Justicia con una ridícula peluca y dientes postizos, lo que obligó al comandante en Jefe del Ejército a poner su cargo a disposición, ya en 2011 lucía resignado en Domingo Arena, esa cárcel para violadores de los Derechos Humanos que él comparaba con un geriátrico.
ENTREVISTA A GILBERTO VÁZQUEZ PUBLICADA EN 2011 POR ULTIMAS NOTICIAS. PERIODISTA MARÍA JOSÉ FRÍAS
-¿Por qué empezó la tortura?
-Era útil. Cambió la cosa porque la realidad era que al principio no se podía prender a nadie. Una vez agarramos a una mujer que tenía una pistola. Cuando llegó al juez le dijo: “Me la pusieron”. Nosotros sabíamos a cara de perro de leyes militares pero no de leyes civiles. Al final, los culpables éramos nosotros. Así no podíamos hacer nada. Después se nos escaparon los tupamaros de Punta Carretas y la sensación de derrota fue total. No se podía con aquella gente, no había forma.
-¿Y torturarlos los detuvo?
-Claro. Cuando los empezamos a cascar y los tipos entraron a hablar, ellos nos enseñaron cómo funcionaba el MLN (Movimiento de Liberación Nacional) y dónde estaba cada uno. En un año se vinieron abajo. Pasamos de estar achicados a achicarlos a ellos. Andaban a los saltos. Agarrábamos a uno y el tipo ya llegaba al cuartel pensando: “Acá me van a hacer pelota”. Entonces muchos llegaban y decían: “Vamos a hablar bien” y no precisaba mucha tortura.
-Pero igual los torturaban…
-Sí. Se hacía lo que hiciera falta para tener la información porque del otro lado estaba la vida de nuestros soldados y la paz de la República. Se vivía en un estado de inquietud permanente.
-¿Cómo torturaban?
-Nosotros antes de aplicar la tortura entera, nos dábamos unos choques eléctricos. Nos metíamos picana para ver lo que era y no es tanta cosa. Lo que pasa es que era entre nosotros. Uno sabe que no lo van a matar pero cuando es el enemigo, la cosa cambia radicalmente. Uno no va a traicionar las ideas y los compañeros por un dolorcito, pero cuando la cosa viene de que lo van a matar, cambia.
Igual se ha hecho una historia negra de que además se robaba y se violaba y no era así. Nosotros no permitíamos que esas cosas pasaran. Si pasaba, iba preso.
-Pero no solo se denunciaron torturas, también se denunciaron violaciones. _No. No se permitía ni reírse. Era algo doloroso, triste y lamentable. A uno torturar le pesa en la conciencia toda la vida pero no había más remedio. Terminaron en el psicólogo los torturados y los torturadores porque es llegar al último nivel de violencia. La guerra es brutal.
-¿Torturadores fueron todos? ¿Esto abarcó a todas las Fuerzas Armadas?
-Yo no le voy a decir quiénes, ni cómo, ni dónde pero parece que tienen listas de cientos de tipos (la Justicia). Lo que pasa es que a todos les tocaba algo que tenía que ver. De repente le tocaba estar preparando soldados, o haciendo la comida para los que iban a combatir. Es como hacer un informativo. Uno pone la cara pero atrás hay un montón de gente que colabora. La guerra es obediencia y por las buenas o las malas, el mando se impone. Cada uno hacía su parte.
-¿Por qué desaparecieron gente?
-Fueron casos mínimos. No se mataba a nadie. En Chile los mataban, en Argentina el sistema era hacer desaparecer. Acá está (José) Mujica presidente, el Ñato (Eleuterio Fernández Huidobro) senador, (Eduardo) Bonomi de ministro. Acá fueron veinte. Con algunos se nos fue la mano y otros eran tipos enfermos, que de repente llegaban y sin tocarlos, les daba un infarto. El tema fue que entre miles de tipos, alguno se quedaba. Ese desaparecía.
-¿Por qué no devolvían los cuerpos?
-Al principio se entregaban. Después los altos mandos nos explicaron que el país tenía un drama económico. El petróleo había subido, la carne había bajado a la mitad, lo mismo pasaba con la lana. El problema económico era tremendo y el país se salvaba por el turismo y se necesitaba dar una sensación de tranquilidad para favorecer la inversión. ¿Quién va a invertir en el Congo? Entonces, la orden fue que cuando muriera alguno, no apareciera. Eso vino de arriba. Fue por razones económicas y parecía razonable.
-Usted actuó también en Argentina, ¿ahí que hizo?
-Estuve allá. Yo traje a una muchacha en un avión de línea. Nos vinimos en Pluna sin ningún drama. Era Pilar Nores Montedónico. Acá la tuvimos un tiempito y la largamos.
-¿Y los del primero y el segundo vuelo?
-El segundo vuelo es un invento. Yo nunca supe nada. En el primero los trajimos porque allá los iban a matar. Los salvamos, no por cuestiones humanitarias sino porque para nosotros eran fuente de información importante. Nos servían, pero nos trajo terribles problemas con Argentina porque el sistema de ellos era otro.
-Más allá de lo que les hicieron a los adultos, ¿por qué robaron niños?
-Acá no lo hicimos. Eso fue en Argentina.
-Acá se quedaron con Macarena Gelman, por ejemplo…
-Eso fue una cosa rara. Cuando nosotros teníamos a un argentino, se lo dábamos a ellos porque les podía servir como fuente de información y nos traíamos a los uruguayos pero traerse a una argentina para acá, no tiene la menor lógica.
-¿Y por qué lo hicieron?
-Cosas que pasan en la guerra. Son daños colaterales, como cuando tiramos para matar en un lado y uno se tara o le erra y encaja un bombazo en una escuela. Son cosas que salen del objetivo militar. Nunca pude entender para qué la trajeron.
-¿Dónde está ella? ¿La incluyeron en la Operación Zanahoria?
-Ni idea porque yo no estaba. No lo hubiera permitido porque esas cosas no se hacían. Yo me enteré cuando ya estaba retirado y no tuvo sentido que fuera por la niña porque en el Consejo del Niño hay niños a patadas.
-¿A qué atribuye que hayan terminado presos después de haber pasado veinte años sin que fueran juzgados por estos delitos?
-A una venganza del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), que fueron los que tuvieron más desaparecidos en Argentina. Los tipos fueron a la guerra con la mujer y niños chicos. Encima la embarazaban y la metían en el baile, una cosa que a un militar no se le pasa por la cabeza. Mi mujer no sabe nada de nada, y mis hijos menos. Nosotros con los tupa tuvimos contacto hasta que nos metieron presos y siempre quedó claro que ellos no guardan rencor. Los tupa no hicieron denuncias, las denuncias son las del PVP y parte del PCU.
-¿Usted se arrepiente de lo que pasó?
-No, al contrario. Yo estoy orgulloso de haber podido participar en la salvación del país. ¿Se imagina lo que hubiera sido un Uruguay comunista en medio de la guerra fría? ¿Vio lo que pasó en Vietnam? Acá hubiera sido espantoso. Era una cuestión práctica.
-Y de haber torturado y desaparecido gente, ¿tampoco se arrepiente?
-No había más remedio. Lo otro era permitir que me siguieran matando los soldados y por omisión, hubiera sido cómplice. Ni muerto. Yo tengo en mi celda las fotos de los camaradas muertos y viene gente joven del Ejército y no saben quiénes son. En cambio, por los que murieron del otro lado han hecho calles y plazas y son héroes nacionales. Yo no iba a dejar que los siguieran matando aunque me tuviera que embarrar las manos hasta la manija. Me dolía en el alma y me sigue doliendo pero no había otra. Lamentablemente la vida tiene una parte de guerra, violencia y brutalidad. Cuando a uno le toca, tiene que elegir el mal menor. O los reventaba a palos o dejaba que siguieran matando a mis camaradas. Hicimos las cosas lo mejor que pudimos. Algunas cosas lamentables, las tuvimos que hacer. Fue como cuando un cirujano tiene que amputar una pierna porque con la gangrena, la persona se muere. No corta la pierna porque le guste. Había que hacerlo. Nosotros salvamos al país y estamos orgullosos.
UN CONFLICTO EVITADO CON EL MLN EN 1993
El coronel (r) Gilberto Vázquez dijo a Ultimas Noticias que el contacto de los ex represores con las principales figuras del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) se mantuvo hasta que terminaron presos. Agregó que en el año 1993, ambas partes evitaron un nuevo enfrentamiento al investigar en conjunto el asesinato de Ronald Escarzella, un ex tupamaro asesinado en Rocha el 23 de abril de ese año.
“Cuando pasó eso me llamó el Ñato (Eleuterio Fernández Huidobro) y me dijo: ‘La información que tenemos es que es del lado de ustedes’. Yo le contesté que si era del lado nuestro, le rompía los dientes y le pedí que no se metieran porque si nos mataban a uno, la cosa no paraba más. Al final se arregló porque se vio que no venía del lado militar y nos evitamos un segundo enfrentamiento porque esas cosas empiezan y no se sabe cuándo paran”.
Aclaró que el intercambio se mantuvo con el MLN pero no con el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), a cuya “venganza” atribuyó los procesamientos de militares. “Son distintos. Los anarquistas son bravísimos”, afirmó. A modo de ejemplo, aseguró que “no dejaban entrar profesionales en la organización para que no se aburguesara. Entonces lo llevan a (Sergio) Molaguero, lo atan con alambre y lo lastiman y no tenían un médico para curarlo. Lo curaba Jorge Vázquez (subsecretario del Interior) con alcohol iodado, pero no era que lo quisieran torturar. Era que no tenían médico. Los tupas tenían médicos por todos lados”.
MIRANDA Y CHÁVEZ SOSA APARECIERON
PORQUÉ LA “LIMPIEZA” NO FUE “PERFECTA”
-Ya está preso y no pierde nada si dice la verdad. ¿Dónde están los desaparecidos?
-No están. Vino la Operación Zanahoria. A fines de 1984 se desenterraron los que había, se quemaron y se tiraron las cenizas a un arroyo, creo que en Manga. No hay nada. Lo saben en las Fuerzas Armadas, en el MLN y en el Partido Comunista.
-¿Pero aparecieron los cuerpos de Miranda y Chávez Sosa?
-Porque en la limpieza, alguno quedó. Como todas las cosas, nunca es perfecto. No hay más. Los reclamos son por desaparecidos en Argentina, que tenían otro sistema. Ahí desaparecían.
-¿Quién ordenó la Operación Zanahoria?
-La orden la dio el general Washington Varela, que era el director del Servicio de Información y era el que sabía los detalles. Ahora está muerto. Éramos amigos y en aquel momento me dijo que era una decisión política porque había gente que ya estaba muy cerca y entre los militares algunos querían seguir y volver a la democracia. Había políticos muy próximos a la gente que quería volver a la democracia.
-¿Qué pidieron los políticos, según lo que le dijo Varela?
-Me dijo que la idea era salir con todo limpio y el tema de los desaparecidos era el más complicado. Todavía es difícil, porque es complicado ver a la familia esperando que pueda volver un hijo. Es espantoso pero no hay más que decir. En la Operación Zanahoria se sacó todo lo que estaba enterrado y ya no hay más.
-¿Usted participó personalmente en los desenterramientos?
-No, porque yo estaba en Estados Unidos haciendo un curso, pero no era un secreto. Esas cosas se conversaban entre los camaradas. Yo era teniente coronel en aquella época y me pareció razonable.
“TODO ESTO YA FUE NEGOCIADO CON EL GOBIERNO”
-¿No ha pensado en dar alguna información de lo que se reclama para ver si puede mejorar su situación?
-Es que esto ya fue negociado. Para el gobierno esto no es un tema de Justicia. Es un negocio. Al principio nos dijeron: “Si aparece algo de la Gelman (María Claudia García), el fiscal tranca las cosas, desactiva el caso y el presidente (Tabaré Vázquez) hace un discurso para decir que se da vuelta la página y esto se terminó”. El tema fue que en el lugar que marcaron no estaba la Gelman y ahí volvió a empezar la cosa.
No sé si estuvo en la Operación Zanahoria porque eso fue todo compartimentado. Nadie conoce los detalles y además pasó hace treinta años. La mayoría están muertos.
-¿Quién les hizo la oferta desde el gobierno? ¿Quién habló con usted?
-El comandante en jefe del Ejército, que al principio fue (Ángel) Bertolotti y después (Carlos) Díaz. Él me dijo: “Lo quieren preso sí o sí. Son ocho años y hay que hacerse cargo del caso Soba”. Uno de los camaradas que estaba ahí, dijo: “Yo estuve en miles de operativos, ¿me tengo que hacer cargo de alguien que no se quién es?”. Y además ocho años a nuestra edad, es como perpetua.
Así se empezó a generar un espíritu de resistencia, que ahora florece de nuevo porque ahora no se negocia.
-Usted dice que negociaron, pero los metieron presos igual…
-Claro, pero con comodidades y en la Fuerza Aérea, por ejemplo, no fue nadie. Lo que pasa es que cambiaron los que hicieron el negocio. No está (el comandante Enrique) Bonelli y no está Tabaré y la cosa cambió.
CONTRARIO A LA CADUCIDAD
El coronel (r) Gilberto Vázquez es contrario a la Ley de Caducidad y asegura que siempre se opuso. “A mí nunca me gustó. No estaba de acuerdo. Siempre dije que si cometí errores, me tenían que juzgar porque a cada error, le corresponde una sanción”. Sin embargo, está convencido que aún sin Ley de Caducidad, no debió terminar en la cárcel porque aunque admite las torturas y las desapariciones, no se siente culpable. “Creo que no merezco estar preso. Di lo mejor de mí mismo, hice lo mejor que pude, asumí responsabilidades”, argumentó. Por otra parte, señaló que la realidad que viven los militares procesados por violaciones a los derechos humanos constituye “una fantasía, una payasada” porque Domingo Arena “no es una cárcel. Acá estamos como en un geriátrico”.
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