En abril de 1987 miles de uruguayos se congregaron en Tres Cruces para recibir la primera visita de un papa al país.
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SUSCRIBITELa impresionante cruz, de 24 metros de altura, ocho de ancho y 7,5 toneladas de hierro, debió ser sometida a varios cambios para perdurar en el tiempo.
En abril de 1987 miles de uruguayos se congregaron en Tres Cruces para recibir la primera visita de un papa al país.
Allí se celebró una multitudinaria misa bajo una cruz levantada especialmente para la ocasión. Esa cruz, que se suponía permaneciera unos pocos días, lleva en ese lugar ya casi 40 años.
Leonardo Aguerre, uno de los arquitectos que trabajaron en su construcción, recuerda que “la cruz estuvo diseñada para ser retirada a los 15 días” y que, cuando se tomó la decisión de que la cruz permaneciera en ese lugar fue que ocurriera un accidente vehicular.
Para que la cruz quedara finalmente en ese lugar se realizaron varios cambios, como la pintura, la inyección de gas inerte para evitar la oxidación interior y la generación de una resistencia que desviara cualquier impacto en su base. Para ello se le colocó el cono de granito pulido que luce hasta hoy.
La cruz fue el proyecto ganador de los tres presentados para conformar el altar en el que Juan Pablo II oficiaría su misa: tiene 24 metros de altura, ocho de ancho y 7,5 toneladas de hierro,
Su fabricación e instalación requirieron un importante desafío de ingenieria: construirla demandó más de mil horas de trabajo y un imponente operativo de traslado y armado.
Julio María Sanguinetti, presidente al momento de la llegada del pontífice, dice que, ya entonces, en el momento en que el papa dejaba el país, se mostró a favor de la que cruz quedara en Tres Cruces, “como recuerdo de la circunstancia histórica”.
No fue sencillo y hubo un intenso debate sobre la presencia de un símbolo religioso en un espacio público.
Por 21 votos contra 10, la Junta Departamental de Montevideo, de mayoría colorada, rechazó la permanencia del monumento.
Fue entonces que el senador nacionalista Gonzalo Aguirre presentó un proyecto de ley para que la cruz quedara en ese lugar, no como símbolo religioso sino como monumento conmemorativo de la visita papal.
El hoy cardenal Daniel Sturla señala que “la polémica es parte de lo que somos. No hay que tenerle miedo a la polémica”.
El proyecto de Aguirre finalmente se aprobó y el 22 de junio de 1987 se promulgó la ley 15.870 que estableció que la cruz permaneciera en su emplazamiento original.
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