¿Qué pasaría si a un deportista de élite, que lleva su cuerpo a la máxima exigencia en una disciplina, se lo cambia de deporte y se lo lleva a un terreno desconocido?
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SUSCRIBITEEl paracaidista Sebastián López, guió al tricampeón uruguayo Santiago Comba a enfrentar su primer salto en un cruce entre el paracaidismo y el crossfit.
¿Qué pasaría si a un deportista de élite, que lleva su cuerpo a la máxima exigencia en una disciplina, se lo cambia de deporte y se lo lleva a un terreno desconocido?
Ese fue el caso del paracaidista Sebastián López, quien guió al tricampeón uruguayo Santiago Comba a enfrentar su primer salto en un cruce entre el paracaidismo y el crossfit.
López explicó que nació dentro del paracaidismo: “Mi padre y mi tío son paracaidistas. A los 19 años empecé a saltar”. Compite en pilotaje de velámenes, una modalidad centrada en aterrizajes de alta velocidad.
El deportista indicó que viene de competir en Brasil, donde obtuvo una medalla de oro: “Me enfrenté a profesionales que hacen promedios de 1.000 saltos por año. Yo tengo unos 1.400 en 15 años”.
También se refirió a la situación de la disciplina en el país: “No, absolutamente no. Me tomo licencias para ir a competir”, afirmó, y agregó que su objetivo es participar en un mundial.
En el informe se detallaron aspectos del salto. Según explicó López, el equipo incluye paracaídas principal, uno de reserva y un sistema automático de apertura en caso de emergencia.
Comba se preparó junto a un instructor. Antes de subir al avión, expresó: “Ahora estoy en un 7 de nervios”.
Durante la caída, describió las sensaciones: “Los primeros dos o tres segundos son un shock de adrenalina; después se disfruta”. Tras aterrizar, agregó: “Es difícil de explicar en palabras lo que se siente. Estoy muy feliz”.
Sobre el desempeño, López evaluó: “Estuvo concentrado, mirando todo el paisaje. Fue un excelente salto”.
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