18 de noviembre de 2025 - 11:09 La carpa más dulce del país se tiñó de verde, blanco y rojo. En el último Bake Off Famosos Uruguay, los siete participantes que siguen en competencia hicieron las valijas y se mudaron simbólicamente a Italia: la tierra de la pasta, los amores intensos… y los postres que no perdonan.
Con entrada tarantella mediante, la carpa apareció completamente intervenida con guiños italianos y un clima festivo que duró exactamente hasta que Jimena anunció el desafío técnico: panna cotta con salsa de frutillas y crocante de limón. Tres unidades perfectas. En 60 minutos. Sin receta completa escrita. Y bajo la mirada implacable (pero sin contacto directo) del jurado.
La consigna parecía sencilla. No lo era.
Leticia Copiz fue clara desde el inicio: la panna cotta tiene que ser lisa, sedosa y con la textura justa de gelatina, sin grumos y sin “efecto flan”. Hugo Soca advirtió sobre el verdadero enemigo silencioso del día: la gelatina. Hidratarla bien, equilibrar temperaturas, no dejar que se agarre antes de tiempo. Un error y se acabó el sueño italiano.
Para complicar (o salvar) a los pasteleros, se volvió a jugar una de las cartas más explosivas de la producción: el “Simón dice”, la mecánica que ya había aparecido en la semana de Francia. Esta vez, la guía no fue un jurado, sino una campeona. Entró a la carpa Noelia Carnales, ganadora de la segunda edición de Bake Off Uruguay, recibida con aplausos y un poquito de nervios. Noe cocinó de espaldas a ellos, marcando paso a paso la receta en tiempo real. Ellos tenían que copiarla sin ver la receta completa. Cada instrucción mal escuchada, cada segundo de distracción, era una mini tragedia pastelera.
La tensión escala en la carpa
“El Canguro”, pastelero estrella de la semana, fue quien eligió dónde se ubicaba cada uno. Su decisión no fue inocente. Puso a sus aliados, entre ellos Pablo Arnoletti y Fede Paz, cerca de Noe para escuchar cada detalle. Intento de ventaja estratégica total.
Pero en Bake Off Famosos nadie tiene garantizado nada: la jugada le salió al revés y Fede tuvo uno de sus peores días en la carpa: su panna cotta quedó entre las más flojas de la prueba.
Lola Moreira, por su parte, tuvo un día sólido y fue la mejor del desafío técnico. Pablo quedó segundo. Del otro lado de la tabla, Fede fue señalado como el peor resultado, y Rodri Suárez quedó “casi peor”, detalle que no le cayó nada bien. Rodri, fiel a su estilo frontal, discutió el puesto con el jurado y más tarde apuntó directamente contra Lola en testimonio. “Hoy tengo que estar arriba del tridente”, había dicho al inicio con sed de podio. La realidad lo dejó más abajo de lo que esperaba… y no se lo guardó.
Lola también fue protagonista en el terreno del caos. A mitad de desafío acusó a viva voz que le habían robado la tuile. Instantes después descubrió que ella misma la había dejado enfriando. Anto Lima, señalada como “la tramposa de la carpa” por sus propios compañeros, no perdió la oportunidad de recordarlo entre risas en cámara.
Mientras tanto, el ambiente se ponía espeso alrededor del Canguro Porta. Hubo quejas de “canchereo”, reproches cruzados y miradas filosas. Incluso se habló de “invasión de territorio” cuando algunos participantes se acercaron demasiado a la estación privilegiada para seguir más de cerca a Noe.
“Simón dice” dejó de ser un juego simpático
Noelia marcaba ritmo, corregía, afinaba detalles, y los famosos corrían detrás de ella tratando de sostener tiempos, temperaturas y texturas ideales. Hubo carreras a la tienda en busca de ingredientes clave como limón y harina, hubo pequeñas crisis de organización (“¿Dónde está mi crocante?”, “¿Quién se llevó esto?”) y hubo momentos de pánico frío en abatidores y heladeras. El reloj no ayudó: Jimena fue marcando hitos (“les quedan 30 minutos”, “15 minutos”, “últimos 5”, “últimos 10 segundos”), hasta el ya clásico conteo final que obliga a dejar todo en la mesa y dar un paso atrás.
Para cerrar la prueba, llegó el momento más temido: la degustación a ciegas. El jurado –Hugo Soca y Leticia Copiz– probó las siete preparaciones sin saber quién había hecho cuál. Tocaron textura, midieron temblores, olfatearon las frutillas, quebraron el crocante con cucharita y debatieron en voz baja qué podía salir mal (o muy mal) en 60 minutos de pastelería italiana bajo presión.
Esto fue sólo el desafío técnico y ahora falta el creativo italiano, donde los famosos van a tener que interpretar la tradición, la elegancia y la dulzura italiana con libertad propia. Ahí ya no alcanza con copiar: hay que proponer. Y ahí es donde muchos creen que pueden remontar.