El papa León XIV pronunció su primer discurso en Uruguay desde la Plaza Independencia, donde fue recibido por el presidente de la República, Yamandú Orsi.
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SUSCRIBITEDestacó la tradición democrática del país y abordó temas como el suicidio, la pobreza, la educación y los desafíos de la inteligencia artificial. También reflexionó sobre el papel de la familia, la protección del medioambiente y la importancia del diálogo.
El papa León XIV pronunció su primer discurso en Uruguay desde la Plaza Independencia, donde fue recibido por el presidente de la República, Yamandú Orsi.
Ante autoridades nacionales y miles de personas que se acercaron para darle la bienvenida, el pontífice expresó su alegría por visitar el país y dedicó buena parte de su mensaje a los desafíos sociales, políticos y humanos que enfrenta la sociedad uruguaya. "He aceptado con mucha alegría la amable invitación para visitar la tierra uruguaya", expresó al comenzar su intervención, durante la que también hizo llegar su saludo a todos los uruguayos, dentro y fuera del país.
El pontífice tomó como referencia el monumento a José Gervasio Artigas, ubicado en la Plaza Independencia, para reflexionar sobre la historia nacional, la democracia y la responsabilidad colectiva. Recordó una de las frases más conocidas del prócer: "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana", y destacó que Uruguay cumplió en 2025 cuatro décadas de democracia ininterrumpida.
En ese sentido, sostuvo que la autoridad pública debe estar al servicio del bien común, respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos.
Uno de los ejes centrales del discurso estuvo vinculado a la familia y a la evolución demográfica de Uruguay. A partir de una figura del monumento a Artigas que representa a una mujer con un bebé en brazos, León XIV se refirió a la protección de la vida desde su inicio.
"Quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo", afirmó, al tiempo que sostuvo que la dependencia del bebé respecto de su madre no disminuye su dignidad ni la protección que merece. El papa también hizo hincapié en la responsabilidad de los padres y en la necesidad de contar con políticas de protección social que acompañen a las familias.
En este sentido, destacó la importancia de garantizar una educación adecuada, una buena alimentación y un entorno de cuidado durante los primeros años de vida.
Otro de los momentos destacados de su intervención fue cuando abordó la salud, la soledad y el suicidio, una problemática especialmente sensible en Uruguay. El pontífice advirtió que muchas personas atraviesan situaciones de angustia o pérdida de esperanza que no siempre son visibles para quienes las rodean. Señaló que es posible estar acompañado en el trabajo, en la calle o incluso en el propio hogar y, aun así, experimentar un profundo sentimiento de soledad.
En ese contexto, llamó a construir una sociedad en la que nadie llegue a sentirse extraño o desamparado.
También se refirió a las personas que enfrentan enfermedades, discapacidades, pobreza o situaciones de exclusión, y subrayó que la dignidad humana no puede medirse por la productividad, el trabajo o la capacidad de valerse por uno mismo. "La dignidad no se adquiere ni necesita ser demostrada", sostuvo.
En otro pasaje, León XIV hizo referencia a su propia experiencia con la enfermedad y agradeció los cuidados que recibió, lo que lo llevó a reflexionar sobre quienes no tienen acceso a la misma asistencia. En ese sentido, reclamó que la atención sanitaria esté al alcance de todas las personas y destacó la importancia del acompañamiento durante las enfermedades graves y hasta el final natural de la vida.
El papa también dedicó parte de su mensaje al mundo laboral y a las transformaciones tecnológicas. Sostuvo que el trabajo debe contribuir al desarrollo de las capacidades de las personas y recordó el principio de que el trabajo está al servicio del ser humano, y no a la inversa. En particular, se refirió al avance de la inteligencia artificial y señaló que su desarrollo debe servir para ampliar las capacidades humanas, facilitar las tareas y generar nuevas oportunidades.
Hacia el final de su intervención, León XIV se refirió al carácter laico del Estado uruguayo y destacó la importancia de garantizar la convivencia entre personas con distintas creencias y convicciones. "La neutralidad no exige que la dimensión religiosa quede en el ámbito privado", expresó, y defendió la posibilidad de que las comunidades religiosas contribuyan al bien común, respetando la autonomía de las instituciones civiles.
También valoró la tradición de diálogo del país y destacó la negociación y la búsqueda de acuerdos como herramientas fundamentales para evitar enfrentamientos. En ese sentido, consideró que Uruguay puede seguir ofreciendo a la región su capacidad de promover el entendimiento y la cooperación.
Finalmente, León XIV reafirmó su deseo de acercarse a todos los uruguayos durante su visita y destacó los vínculos históricos entre la Santa Sede y el país. "Que estos días nos permitan fortalecer cuanto nos une y renovar la confianza con la que se afrontan las dificultades y lo que está por venir", expresó.
El pontífice cerró su primer discurso en territorio uruguayo con un mensaje: "Que Dios bendiga a Uruguay".
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