28 de febrero de 2026 - 17:28 El consumo problemático de sustancias afecta a los adictos, pero también a sus familias y entornos, y muchos de ellos “tocan fondo”. Las drogas, dicen, sirven para “anestesiar el dolor” y transitar “una vida paralela”, pero se convierten en un infierno del que es difícil salir.
Rafael Saavedra perdió a su familia, la madre de Luis Fernández llegó a encadenarlo para evitar que accediera a las drogas, pero aún así consiguió escapar y salir a consumir. Bruno Maggior dice que “el adicto no tiene límites. Si no te los imponen desde afuera sos un tren sin frenos”.
Los tres son adictos en recuperación y forman parte de la comunidad terapéutica Alas de Libertad, ubicada en San José.
Ellos coinciden en que el alcohol y marihuana son las puertas de entrada para el policonsumo de sustancias y las cifras les dan la razón: unos 400.000 uruguayos tienen consumo problemático de alcohol, y apenas el 1% o el 2% consultan o piden ayuda.
Gabriel Rossi, secretario general de la Junta Nacional de Drogas (JND), explica que “el alcohol es una preocupación porque tenemos que mejorar el planteo para que las personas que tienen un consumo problemático se den cuenta de que lo tienen y consulten”.
A la brevedad, adelantó, habrá programas para detectar tempranamente consumos problemáticos específicamente de alcohol”.
Alas de Libertad ya tiene más de 70 “graduados” que recuperaron su vida. Rafael es uno de sus fundadores y se define como “un adicto en recuperación”. Luis cuenta que allí se trabaja en “oración, trabajo y disciplina. Oración no como religión sino como parte espiritual que tiene todo ser humano”.
Quien consume, agrega “se muere consumiendo o busca otra manera de vivir”. En la comunidad, asesoran y contienen tanto a los adictos como a las familias que piden ayuda.
Bruno hizo su tratamiento en la comunidad y encontró allí “su lugar en el mundo”. El tratamiento, dice, no es fácil, y tiene tres etapas: desintoxicación, autoconocimiento y reinserción social.
Pero la realidad indica que los centros de rehabilitación o comunidades terapéuticas son escasos, y Luis apunta que “el Estado podría dar una mano mucho más grande”.
Es cierto que hay centros de rehabilitación públicos, pero sus cupos son limitados y muchas familias no pueden acceder a los privados, pese a que existen ayudas económicas.
“Queremos llegar a mayores sectores de la población, tanto en lo público como en lo privado”, señala Rossi.
Según datos de la Junta Nacional de Drogas, hay 34 centros públicos en todo el país para el tratamiento de las personas con uso problemático de sustancias, que atienden entre 100 y 200 usuarios al mes, y en 2026 se pondrá en marcha un centro para mujeres embarazadas consumidoras de drogas.
La adicción es una enfermedad crónica y recurrente y el tratamiento es duro pero “lo que cuesta vale”, aseguran. Pero para afrontarlo hay que estar dispuesto a buscar una salida.
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