La trabajadora sexual y activista Karina Núñez explicó en el programa 8AM un proyecto que vincula el trabajo sexual con la asistencia a personas con discapacidad, con el objetivo de garantizar el acceso a derechos sexuales y reproductivos.
Para continuar, suscribite a Telenoche. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITELa activista Karina Núñez detalló en 8AM una iniciativa que funciona desde 2012, es autofinanciada y ya asistió a más de 100 personas con discapacidad en su vida sexual.
La trabajadora sexual y activista Karina Núñez explicó en el programa 8AM un proyecto que vincula el trabajo sexual con la asistencia a personas con discapacidad, con el objetivo de garantizar el acceso a derechos sexuales y reproductivos.
Según explicó, la iniciativa funciona desde 2012 y ha asistido hasta el momento a 118 personas, en su mayoría de entre 35 y 57 años. El trabajo es llevado adelante por un equipo de ocho trabajadoras sexuales que se formaron durante ocho meses para atender distintas situaciones vinculadas a la discapacidad.
“El proyecto trabaja sobre la erotización y la sexualidad de las personas con discapacidad”, señaló Núñez, quien indicó que, si bien estas personas históricamente han recurrido a servicios sexuales, no existía una preparación específica para atender sus necesidades.
El funcionamiento varía según cada caso. Cuando las personas tienen curatela, el vínculo se establece con las familias; en otros casos, el acceso es directo. “No es un delivery, es un trabajo a demanda”, aclaró.
La formación del equipo incluyó capacitación con profesionales como fisiatras, fisioterapeutas, sexólogos, psicólogos y enfermería, además de entrenamiento en reanimación (RCP) ante posibles emergencias vinculadas a medicación o condiciones de salud.
Núñez subrayó que el proyecto es completamente independiente y no cuenta con apoyo estatal. “Se financia con el trabajo de las propias compañeras y con quienes contratan el servicio”, explicó.
Durante la entrevista, también planteó que la iniciativa surge de la necesidad de dar respuesta a dos colectivos históricamente discriminados. “Lo que hicimos fue unir a dos poblaciones marginadas en un bien común”, afirmó.
La activista cuestionó además las condiciones del sector, con el cierre de whiskerías y la falta de alternativas reales de reinserción laboral. Según indicó, eso empuja a muchas trabajadoras a volver a la calle.
El proyecto convive con otras iniciativas impulsadas por el colectivo, como programas educativos para trabajadoras sexuales, apoyo a hijos que acceden a la universidad y capacitaciones en herramientas digitales.
Suscríbete y recibe todas las mañanas en tu correo lo más importante sobre Uruguay y el mundo.
SUSCRÍBETE