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8AM

Natalia Sandberg: una estrategia innovadora y la experiencia humana detrás del caso Lola Chomnalez

Es licenciada y magíster en Ciencias Biológicas, encabeza del Registro Nacional de Huellas Genéticas de la Policía Científica, y fue clave para la resolución del crimen de Lola Chomnalez.

9 de mayo de 2024 - 09:07

Natalia Sandberg, responsable del Registro Nacional de Huellas Genéticas de Policía Científica, contó en 8AM los detalles del sistema que permitió dar con el asesino de Lola Chomnalez, a través del estudio de cromosomas autosómicos.

La estrategia innovadora en la Policía Científica

Cuando fue hallado el cuerpo de Lola, se relevaron evidencias como ADN en una toalla y el DNI de Chomnalez. Sin embargo, no coincidía con ninguno que estuviera en la base de datos de la Policía Científica.

La investigación entonces viró hacia la búsqueda en la línea paterna del ADN que tampoco arrojó resultados. La genetista incorporó entonces una estrategia innovadora: propuso estudiar la línea materna y logró darle cauce a la investigación.

Gracias a la bióloga, llegaron a la madre de Leonardo David Sena, quien informó que había tenido 11 hijos y que uno de ellos que vivía con en Rocha, con la familia Sena.

La genetista recordó que, entonces, la línea se enfocó en el “estudio de cromosomas autosómicos que es donde está la información genética que nos hace únicos a cada uno y que heredamos un 50% de la madre, un 50% del padre”. A partir de esa línea se logró dar con un “medio hermano” materno del criminal, sostuvo.

La base genético - criminal en el país

Todos los procesados y formalizados con y sin prisión del Uruguay, están obligados a dar su muestra de ADN.

“En 2011 se votó la ley 1889 que permitió crear el Banco Genético Criminal del Uruguay, con el fin de poner un nombre y un apellido al dueño que deja las evidencias en la escena de hecho. Cada vez que hay un hecho delictivo, en la escena hay inspección de Policía Científica que recolecta todo lo que es las evidencias. Cuando se obtienen perfiles genéticos que no tienen dueño, se exportan a nuestro software y nosotros lo comparamos con todos los criminales del país buscando una identificación”, describió Sandberg.

“Lo novedoso fue tratar de buscar con la base de datos que ya teníamos, con todos los criminales que ya teníamos, buscar un parentesco cercano de quién pudo haber dejado la evidencia en esa prenda", agregó la científica.

La base genético - criminal cuenta con más de 97.000 criminales registrados.

“Nos basamos en la serialidad de los crímenes, asumimos que una persona que delinque una vez va a volver a hacerlo”, afirmó Sandberg.

Además, sostuvo que trabajar con muestras de ADN suele resultar muy costoso, y es “altísima” la inversión: “Tenemos una tasa de éxito del Banco Genético Criminal comparándolo con las evidencias de casos sin resolver, que es mayor del 50%. Esto es comparable y a la vez es superior a muchos estados de Estados Unidos que andan entre el 30 y 40%. De otra manera, el 50% de los casos inconclusos permanecerían sin resolver”.

La experiencia humana detrás de la ciencia

Natalia Sandberg califica el proceso de investigación como “un camino muy silencioso y hermético”. No obstante, la genetista destacó su compromiso con los padres de Lola: “Soy Natalia la científica y después soy Natalia la persona. Los padres se quisieron contactar conmigo y bueno, a partir de ese momento fue indescriptible”, indicó.

“Yo siempre dije que quería mirar a la cara a los padres y decirle que lo dejamos todo, realmente lo pude hacer. Me llenó de emoción y es lo más rico de mi trabajo poder aportar un poquito de paz frente a las desgracias que tienen, día a día, esas familias”, agregó.

Un caso sin precedentes, dos países conmocionados

La joven argentina, que entonces tenía 15 años, viajó en ómnibus desde Buenos Aires a Montevideo, y desde allí partió a Barra de Valizas. Lola Chomnalez llegó el 26 de diciembre de 2014 al balneario esteño, con el plan era veranear junto a su madrina.

Dos días después de su llegada, la adolescente salió a caminar por la playa, en la franja entre Valizas y Aguas Dulces, pero no regresó.

El 30 de diciembre de 2014, dos días después de desaparecer, un pescador de la zona encontró el cuerpo sin vida de la joven que apareció a 4 kilómetros de la vivienda de su familia.

Lola fue atacada por un desconocido, que años después fue identificado como Leandro David Sena. Las pericias forenses concluyeron que la víctima sufrió varios cortes en el cuello con un cuchillo y murió sofocada en la arena donde fue enterrada por su agresor.

Sena había llegado a Valizas para trabajar en un supermercado en diciembre de 2014. Este contaba con antecedentes penales, ya que en 2009 había violado a una adolescente de 15 años en La Paloma, delito por el que estuvo en prisión.

Lola llevaba consigo una mochila rosa, su billetera, una botella de agua, una toalla de playa y un libro. Estaba vestida con un short de jean y un bikini.

En el forcejeo, Sena se cortó y su ADN quedó en el bolso de la víctima ya que, además, el homicida le robó el dinero que llevaba. Esa muestra fue la clave de la investigación y la condena del asesino casi una década después.

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