Desde enero en las cantinas ubicadas en centros educativos no pueden vender ningún tipo de productos procesados, con grasas o azúcares. Es decir, no se pueden vender alimentos con octógonos.
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Cantinas saludables en centros educativos: qué implica la normativa y cómo es la fiscalización
La reglamentación, que se aprobó en el Parlamento hace dos años, rige desde enero de este año. Pero, ¿existen controles de su cumplimiento?
La Organización Multidisciplinaria para la Integración Social (OMIS) está atenta a que se cumpla con lo estipulado porque dicen que está en juego la salud de los más pequeños.
“Intentamos generar este movimiento para asegurarnos que las cantinas no sean ambientes obesogénicos, que son los que promueven el consumo de productos ultraprocesados”, explicó la nutricionista Raquel Villegas.
Cuatro de cada diez niños en edad escolar tienen sobrepeso. Y de ellos, dos de cada diez tiene obesidad. Con este dato comienza una guía elaborada por el gobierno en la que se indica cómo generar un entorno para favorecer el crecimiento y la educación en un ámbito muy saludable.
Allí se advierte, además, que el problema avanza a una velocidad preocupante.
“Tenemos un grave problema, que es una especie de pandemia silenciosa que es el sobrepeso y la obesidad. Y eso trae como consecuencias enfermedades no transmisibles”, dijo la directora de Derechos Humanos de la ANEP, Gloria Canclini. Otro de los focos está en la necesidad de hacer ejercicio físico, agregó.
Fiscalización
El 75% de las cantinas en centros educativos no cuenta con habilitación, según una fiscalización de la Intendencia de Montevideo.
“Nos consta que hay muchos centros que todavía no han dado este paso, y tienen algunas pequeñas discusiones para poder cuidar la salud de los pequeños ofreciendo productos más saludables”, explicó Villegas.
Mercedes Crucci es nutricionista y encargada de la cantina de un colegio, que modificó por completo su estructura para poder aplicar la normativa. El lugar es nuevo y fue armado desde cero.
“El cambio costó al principio, más que nada por los alimentos prácticos que compraban. Pero se fueron adaptando bien”, contó. Para la aceptación del proceso, fue fundamental que los profesionales explicaran a los niños por qué es importante alimentarse correctamente.
Estas medidas, obviamente, repercutieron en las ventas en las cantinas. Pero las profesionales plantean que no debe verse como un negocio, sino como un servicio a los niños y sus familias. “No puede verse como un negocio para lucrar en un centro educativo”, sentenció Villegas.
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