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Alopecia femenina: un desafío invisible que afecta la autoestima de mujeres y niñas

La falta de aceptación social y el impacto en la autoestima convierten a esta condición en un desafío diario para quienes la enfrentan.

2 de abril de 2025 - 17:02

La alopecia es un problema más común de lo que se cree. Se estima que un 20% de las mujeres entre 30 y 40 años la padecen, pero el impacto puede ser aún mayor cuando la pérdida de cabello ocurre en la niñez.

La falta de aceptación social y el impacto en la autoestima convierten a esta condición en un desafío diario para quienes la enfrentan.

Rosario conoció de primera mano las dificultades de crecer sin cabello. Desde pequeña, usó gorros para ocultar su alopecia y enfrentó burlas que marcaron su infancia. "Para la mujer es peor, para los dos es peor, pero para el niño... los rapas y no se distingue tanto. Para la niña, la caída de pelo es más notoria, y ahí empieza el bullying", recuerda.

El primer signo de alopecia en Rosario fue la pérdida de sus cejas. Luego, el cabello se debilitó hasta desaparecer en varias áreas. Su madre, preocupada, la llevó a un especialista en Paysandú cuando ella tenía ocho años. "Ahí empezaron los tratamientos", relata.

La dermatóloga Anellia Kutscher explica que las alopecias pueden tener diversas causas: hereditarias, hormonales, posquirúrgicas o vinculadas al estrés. "El sistema nervioso está muy relacionado con el cabello. Antes se hablaba de estrés como un concepto amplio, pero está comprobado que existe un eje neuroendocrino que interviene lo emocional", sostiene.

En el caso de Rosario, la relación con el nerviosismo fue un factor clave. "Me trataron con remedios para la ansiedad y vitaminas, pero no hubo mejoras en esos tiempos", confiesa. La inseguridad y el aislamiento fueron parte de su infancia. "Siempre había alguien que te lo recordaba. En la escuela, alguna que otra gurisa tiraba un insulto".

Según Kutscher, existen distintos tratamientos para la alopecia. "En pacientes con carga hereditaria, se puede recurrir a terapias como plasma rico en plaquetas, mesoterapia o medicamentos. También hay sustancias que se aplican cada tres meses, como la lutasterida, y, en casos avanzados, el implante capilar".

Rosario encontró un cambio en 2013 al atenderse en el Pereira Rossell. "Primero fueron muchas pastillas, pero me dormían. Entonces iba a la escuela a dormir, volvía a casa y dormía. Luego probamos una loción especial, y ahí mi pelo empezó a volver", recuerda.

La nutricionista Raquel Villegas destaca que la alimentación juega un papel clave. "Cuando no nos alimentamos bien, el cabello se ve afectado. Se cae más, se vuelve frágil y pierde brillo". Recomienda un consumo adecuado de proteínas y ácidos grasos esenciales. "El omega-3 protege el folículo capilar y combate la inflamación".

Entre las vitaminas esenciales, la D es fundamental. "En Uruguay, muchas personas tienen deficiencia porque evitamos el sol por el riesgo de cáncer de piel. Es clave chequear los niveles y mantener hábitos saludables", enfatiza Villegas.

Para Rosario, el camino no fue fácil, pero hoy lo ve como una etapa de superación. "Miro atrás y pienso: yo superé todo esto. La autoestima se ve afectada, pero no tiene por qué definirte. Aunque la gente te mire raro, lo importante es seguir adelante", concluye.

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