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Alimentación antiinflamatoria: cómo influye en la salud de la piel y qué alimentos recomiendan

La dieta puede contribuir a mejorar patologías como el acné, la rosácea, la dermatitis atópica y la psoriasis. Un dermatólogo y una especialista en genética y nutrición explican qué alimentos pueden agravar los síntomas y cuáles conviene priorizar, sin recurrir a restricciones innecesarias.

14 de octubre de 2026 - 15:23

La piel puede no contar toda la historia, pero suele ser la primera en enviar señales que invitan a prestar atención al cuerpo y a la salud integral. En los últimos años, la comunidad científica ha puesto el foco en la relación entre la salud intestinal, la microbiota y distintas patologías de la piel.

“Hay muchas patologías de la piel y más de 3.000 patologías, de las cuales te diría que las más frecuentes en la consulta quizás son acné, rosácea, melasma, eccemas, dentro de los eccemas lo que es la dermatitis atópica, psoriasis también”, explicó el dermatólogo Diego López.

El especialista señaló que la alimentación antiinflamatoria puede contribuir al abordaje de estas enfermedades, que tienen un componente inflamatorio y en las que interviene el sistema inmunológico. No obstante, aclaró que la dieta no es la causa directa de todas ellas: cada patología tiene características propias y depende de una predisposición individual sobre la que pueden actuar distintos desencadenantes, como el estrés o los cambios hormonales.

“En pacientes con cierta predisposición, la realidad es que la alimentación en muchos casos genera empuje de la enfermedad”, sostuvo López.

Doina Gallo, especialista en genética y nutrición, destacó la importancia de incorporar una mirada integral que contemple la alimentación y la prevención, además de los tratamientos farmacológicos. Según explicó, el trabajo conjunto entre nutricionistas y dermatólogos permite ayudar a pacientes que llevan tiempo buscando soluciones para afecciones como la psoriasis y diferentes tipos de alergias.

Pero ¿cómo influyen algunos alimentos específicos en determinadas patologías de la piel? En el caso del acné, los productos que generan picos de insulina, como los azúcares y las harinas refinadas, pueden favorecer los brotes. La leche también puede influir en algunos pacientes. En la rosácea, los alimentos picantes pueden provocar vasodilatación y empeorar los síntomas.

En la psoriasis, en tanto, una dieta hipercalórica puede favorecer el aumento del tejido adiposo, que funciona como un órgano endocrino y libera sustancias que intervienen en los procesos inflamatorios. Por eso, explicó López, la pérdida de peso puede contribuir a mejorar la enfermedad en pacientes con sobrepeso.

En los niños pequeños con dermatitis atópica también puede existir una alergia alimentaria asociada. “Se habla de un tercio de los casos que tienen alergia alimentaria específica, por ejemplo al huevo, a la leche, al trigo”, indicó el dermatólogo. En esas situaciones, identificar el alimento desencadenante y retirarlo bajo orientación profesional puede mejorar los síntomas. Cuando los niños no responden adecuadamente al tratamiento, los dermatólogos pueden realizar una interconsulta con especialistas en alergología.

La piel también puede reflejar procesos inflamatorios que ocurren en otras partes del organismo. “Hace un reflejo un poco de la inflamación del cuerpo a veces la piel también”, señaló López. Gallo, por su parte, advirtió que una inflamación intestinal crónica puede generar una respuesta inflamatoria sistémica y otras alteraciones asociadas.

En ese contexto, la alimentación cumple un papel importante. Una dieta basada en ultraprocesados, azúcares refinados y grasas de mala calidad puede afectar negativamente la microbiota y favorecer la inflamación. Sin embargo, los especialistas insisten en que adoptar una alimentación antiinflamatoria no significa eliminar alimentos de forma indiscriminada.

“Bueno, primero es no excluir y eso lo dejo siempre muy claro, no excluir alimentos, no excluir nutrientes de manera innecesaria”, remarcó Gallo. López coincidió en la importancia de reducir los azúcares y las harinas refinadas, mientras que Gallo recomendó limitar los productos ultraprocesados por su potencial efecto proinflamatorio.

El gluten también requiere una evaluación individual. Aunque algunos pacientes refieren un empeoramiento de los síntomas después de consumir alimentos que lo contienen, no se recomienda retirarlo sin estudiar primero si existe intolerancia u otra indicación médica. “Si no, en definitiva estamos alterando nuestra microbiota, estamos alterando nuestro equilibrio interno, nuestra homeostasis”, explicó Gallo.

López contó que algunos pacientes identifican una relación clara entre lo que comen y la evolución de su enfermedad. “Hay pacientes que me refieren en la consulta de forma muy clara: ‘Mirá, yo me voy a un cumpleaños y como harina toda la noche y al día siguiente mi psoriasis o mi dermatitis empieza a picarme, empieza a molestarme y empiezan a salir más lesiones’”, relató.

Además de la alimentación, otros hábitos pueden influir en la microbiota y en la inflamación. El sueño insuficiente, el estrés crónico, el sedentarismo, el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol pueden repercutir en la salud general y en la piel. “Todas estas enfermedades empeoran con el cigarro; también es un efecto antiinflamatorio dejar de fumar, que ayuda a la piel”, señaló López.

En contrapartida, los especialistas recomiendan priorizar frutas y verduras, que aportan antioxidantes, vitaminas y otros compuestos con propiedades antiinflamatorias. También destacan las grasas saludables y los alimentos ricos en omega-3, como las nueces, la chía, otras semillas y los aceites de linaza.

Gallo señaló que estos alimentos aportan nutrientes que pueden beneficiar al organismo, pero recordó que la alimentación debe ser variada y adaptarse a las necesidades de cada persona. El objetivo no es seguir una dieta restrictiva, sino mejorar la calidad de los alimentos y sostener hábitos saludables.

El manejo del estrés, la actividad física y el descanso también forman parte de ese abordaje. “Todo lo que haga el paciente en la casa importa y mucho, y el manejo del estrés, de las emociones”, afirmó López. Gallo coincidió en la importancia de acompañar los cambios alimentarios con ejercicio, una buena gestión del estrés y un sueño adecuado.

“Siempre le digo a los pacientes que es mejor sacar las cosas para afuera y no guardar, porque si no la piel habla”, concluyó el dermatólogo.

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