14 de octubre de 2026 - 10:15 El estrés crónico de bajo grado puede afectar al organismo de forma sostenida y acelerar el envejecimiento, incluso cuando sus manifestaciones no son tan evidentes. Así lo explicó Gianella Massera, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Gerontología y Geriatría del Uruguay, durante una entrevista en 8AM, en la que advirtió sobre la normalización de estilos de vida acelerados y la importancia de reconocer las señales de alerta.
A diferencia del estrés agudo, que aparece ante una situación puntual y disminuye una vez superada, el estrés crónico de bajo grado se mantiene en el tiempo. Según explicó Massera, esa persistencia puede provocar alteraciones en el funcionamiento del organismo y generar un desgaste progresivo.
Entre las manifestaciones físicas mencionó las cefaleas, las contracturas musculares y las dificultades para dormir. También señaló consecuencias psicológicas y emocionales, como la ansiedad, los problemas para comunicarse, el aislamiento y la irritabilidad.
La especialista explicó que, ante una situación de estrés, el organismo aumenta la producción de cortisol y adrenalina, dos hormonas vinculadas con esa respuesta. Mientras que en el estrés agudo el cuerpo vuelve a la normalidad una vez superado el episodio, cuando la situación se prolonga pueden producirse cambios a nivel celular.
En ese proceso, indicó, se deterioran los telómeros, estructuras ubicadas en los extremos de los cromosomas, y se genera estrés oxidativo. Estos cambios pueden contribuir a un envejecimiento más rápido y manifestarse, entre otras formas, en alteraciones del cabello.
El estrés crónico puede comenzar en la infancia
Massera advirtió que el estrés crónico de bajo grado puede comenzar durante la niñez. Como ejemplo, señaló las jornadas sobrecargadas de actividades, los múltiples horarios después de la escuela, el uso de pantallas y el descanso insuficiente. Según planteó, estos hábitos pueden consolidar un estilo de vida que afecta la salud a largo plazo y atenta contra la posibilidad de envejecer de forma saludable.
La preocupación no se limita a niños y adultos en actividad: las personas mayores también pueden experimentar estrés por situaciones cotidianas, como permanecer pendientes de internet y las redes sociales o preocuparse por sus cuentas y por llegar a fin de mes.
En ese sentido, Massera sostuvo que el objetivo no debe ser solamente vivir más años, sino hacerlo en buenas condiciones. Para eso, consideró necesario revisar los hábitos cotidianos e identificar qué recursos pueden ayudar a reducir el estrés en cada etapa de la vida.
Qué hacer para reducir el estrés cotidiano
La especialista destacó que el primer paso es reconocer el problema. En ocasiones, las dificultades para dormir aparecen cuando el estrés ya está instalado, mientras que la acumulación de obligaciones puede llevar a postergar incluso actividades destinadas al bienestar personal.
Massera valoró la terapia como una herramienta útil, aunque señaló que también existen pequeñas acciones que pueden incorporarse a la rutina para gestionar el estrés. Una de sus recomendaciones es reservar dos o tres minutos, dos veces al día, para detenerse, respirar profundamente y tratar de bajar las revoluciones. Según explicó, ese breve descanso puede ayudar a reducir la intensidad de los pensamientos y recuperar la calma antes de continuar con las actividades.
También sugirió gestionar mejor el tiempo y el trabajo, dedicar momentos a uno mismo y evitar reiterar constantemente pensamientos negativos sobre problemas que no se pueden resolver de inmediato. Entre las medidas que mencionó también están dejar las pantallas por la noche y recurrir a otras actividades, como la lectura, cuando existen dificultades para descansar.