5 de junio de 2018 - 00:00 En Uruguay, la industria del reciclaje viene en baja. Hace menos de diez años las empresas reciclaban casi siete veces más. De 2009 a 2017, el reciclado de plásticos, específicamente el que corresponde a las botellas (Tereftalato de Polietileno), bajó un 65%.
Además, las empresas que reciclaban se han reducido a la mitad.
Según la asociación civil Compromiso Empresarial Para el Reciclaje (Cempre), esta baja se explica en que el precio del petróleo disminuyó a nivel mundial, y como consecuencia, las materias primas que derivan de él. Por ello, para las empresas y los recicladores ha disminuido el costo-beneficio de llevar el plástico a las plantas de reciclaje, y ya no resulta "atractivo".
Si bien no es beneficioso a nivel del mercado, el medio ambiente se ve cada vez más perjudicado, ya que la mayoría de los residuos que se generan en Uruguay son enviados a relleno sanitario, a vertederos, basurales y cursos de agua.
Según datos de la Intendencia de Montevideo a los que accedió Telenoche, a las plantas de reciclaje llegan 20 toneladas de residuos diarios, sólo un 1,5% del total de residuos que se generan en los hogares. Se estima que de las 1.200 toneladas que generan los hogares por día se estima que un 30% de los residuos secos es reciclable.
Desde Cempre aseguran que tampoco se cuenta con las capacidades para reciclar otro tipo de envases plásticos como los paquetes de arroz o fideos, y otros multilaminados. Tampoco se recuperan hoy los vidrios no retornables. En este sentido, sólo un 3,5% de los envases se recuperan, considerando que suponen alrededor del 10% del total de los residuos.
RECICLADO EN EL HOGAR. Aún en nuestro país hace falta una concientización en los hogares. "Hoy es muy poco el esfuerzo que se hace en los hogares. Como hogares no movemos la aguja", comentó a Telenoche el director de Cempre, Federico Baráibar.
Las opciones de reciclado en Montevideo son a través de los 500 contenedores color naranja ubicados en el Municipio B (Centro, Ciudad Vieja, Cordón, Parque Rodó y Tres Cruces) para residuos secos (plástico, papel, cartón, y vidrio), sin embargo, según fuentes de la Intendencia hay varias dificultades porque en muchos casos las personas no saben separar residuos.

A nivel de residuos de los hogares, hoy lo que mejor funciona son los contenedores del plan Tu envase sirve, administrado por la Intendencia, el Ministerio de Vivienda, el Ministerio de Desarrollo Social y la Cámara de Industrias. Hay 200 puntos de entrega ubicados en supermercados y edificios en Montevideo, y están específicamente dispuestos para envases. Además, hay otros 500 contenedores especiales para plástico, metales, vidrio y diferenciales para pilas y baterías.
Quienes reciclan en su hogar y no acceden a los contenedores del Municipio B, tienen a su alcance un sistema en los supermercados más próximos. El sistema funciona de forma efectiva, ya que quienes llevan sus residuos allí saben separar y clasificar correctamente.
IMPUESTO. Para Baráibar, uno de los problemas que afectan el sistema de reciclado es que en Uruguay el precio de los productos no internaliza el costo ambiental que tienen.
En este sentido, el dinero que se calcula dentro del costo ambiental puede derivar en programas que estimulen la recuperación del producto a través de sistemas de clasificación y recolección, programas de educación y comunicación, y nuevos sistemas de reciclado.
"Si al precio actual de la botella de bebida o al electrodoméstico se le agregara el costo que implica la logística reversa y su valorización, se puede desarrollar un sistema de recuperación de esa botella o ese producto", ejemplificó Baráibar.

Actualmente, dentro de la Ley General de Residuos elaborada por la Dirección Nacional de Medio Ambiente se incluye comenzar a cobrar un impuesto (Imesi) por los productos que pueden ser reutilizables, sin embargo, desde Cempre no lo ven conveniente.
Por un lado porque no parece mantener una relación con el valor del envase (en el caso de los productos envasados), entonces luego las empresas eligen el envase que le resulte más barato y no el que sea mejor a nivel ambiental o el de mayor reciclabilidad.
Con un impuesto, al quedar las empresas productoras de los residuos post consumo fuera del ámbito de decisión de los sistemas de recuperación de materiales, poco estímulo tendrán para optimizar, reducir y mejorar sus envases y productos.
Además, al ser un impuesto, el dinero iría a la cuenta Rentas Generales, y resultaría más difícil controlar que esos fondos sirvan para financiar los sistemas de recuperación de residuos.
"¿Cómo me garantizo que va a estar dirigido al plan de recuperación de residuos y materiales y no a otros usos?", cuestionó Baráibar.