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Vivir en una ciudad en guerra es una experiencia que moviliza a cualquiera y así lo vivió Carlos de Pena, el futbolista uruguayo que escapó de Kiev días después del inicio de la invasión rusa y tras los primeros bombardeos.
De Pena tomó un tren rumbo a Rumania y luego se trasladó en ómnibus hasta Moldavia, junto a un grupo de futbolistas extranjeros en la ciudad bajo fuego.
La odisea para el futbolista de 29 años terminó este martes, cuando llegó al Aeropuerto Internacional de Carrasco y se fundió en un abrazo interminable con su esposa, su hijo y su madre.
"Fueron momentos muy difíciles y lo siguen siendo para quienes quedaron allá. Tuve momentos en los que me puse a llorar, pero me apartaba y lloraba solo porque estaba con los brasileños y había un grupo al que se le debía transmitir fortaleza", expresó.
De Pena dijo que "la falta de comida y agua era lo de menos" porque la principal preocupación era "encontrar una forma de salir de ahí".
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