Moisés Martínez, el joven de 28 años que en mayo de 2025 asesinó de 14 disparos a su padre —quien tenía un largo historial de abuso contra él y otros integrantes de su familia— fue condenado en las últimas horas a 12 años de prisión. En ese marco hablamos con el psicólogo forense y criminalista Gustavo Álvarez, que -sin referirse explícitamente al caso- explicó qué puede pasar a nivel psicológico en hechos de este tipo, atravesados por antecedentes de violencia prolongada.
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Condena a Moisés Martínez: la "emoción intensa" como clave para entender crímenes en contextos de violencia
El psicólogo forense Gustavo Álvarez explicó cómo el estrés extremo y la “emoción intensa” pueden afectar la conciencia y la voluntad en conductas violentas.
Álvarez explicó que existen situaciones en las que una persona actúa bajo lo que se denomina “emoción intensa normal”, un estado en el que la capacidad de controlar la conducta se ve severamente afectada.
“Cualquier conducta pasa por distintas fases: ideación, deliberación, decisión y ejecución. Pero en situaciones de estrés extremo esas fases se fusionan y se genera un ‘puro acto’, donde la conciencia y la voluntad están seriamente comprometidas”, señaló.
Según detalló, la comisión de delitos en este marco suele derivar en conductas repetitivas y difíciles de frenar. “Se da lo que llamamos una conducta epileptoide: no es solo la repetición, sino la imposibilidad de inhibir el acto”, indicó. Y graficó: “Es como un resorte que se va comprimiendo durante mucho tiempo; cuando se libera, es imposible detenerlo”.
Álvarez remarcó que, desde el punto de vista técnico, lo central es determinar si al momento del hecho existía conciencia y voluntad. “Ahí es donde radica jurídicamente la inimputabilidad”, explicó, aunque aclaró que esa evaluación corresponde a pericias específicas.
El especialista también subrayó que este tipo de episodiosson resultado de múltiples factores. “En la conducta delictiva hay factores predisponentes, que son propios de la persona; factores preparantes, como situaciones de abuso, consumo o estrés extremo; y un factor desencadenante, que puede ser cualquier cosa”, sostuvo.
En ese sentido, indicó que cuando existe una acumulación de factores externos —como antecedentes de violencia o abuso—, el detonante final puede ser incluso un hecho menor. “Si hay muchos factores preparantes, el disparador puede ser prácticamente una nimiedad”, afirmó.
Finalmente, explicó que tras estos episodios suele producirse una “bajada” anímica. “Después de esa descarga masiva, en general hay un bajón, y luego la persona, ya en sus cabales, puede tener conductas con conciencia y voluntad, incluso de ocultamiento”, señaló.
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