21 de enero de 2013 - 00:00 Atrás quedaron días complicados, de esos que en el fútbol dejan un sabor amargo difícil de tolerar, que hacen que uno (y muchos más) piensen soluciones, imagine salidas a una situación crítica en cuanto a la violencia, esa que nos afecta día a día a la vuelta de cualquier esquina, pero que también tiene su identidad en el deporte.
Lo del clásico pasó, el arrepentimiento de Bava es un paso importante y si Bauzá y sus compañeros del Consejo Ejecutivo de la AUF lograran realmente que los protagonistas reflexionaran sería buenísimo y no que en cada oportunidad de tener un micrófono delante procuraran “su” partido, con declaraciones que parecen enmarcadas para una época que ya fue y no para esta realidad, donde cualquier intento de llevar agua para su molino puede ser el disparador de otra, y otra, y otra agresión, cuando los que nacieron bajo el signo de la intolerancia deportiva, cegados por una necesidad que no admite otro final que la victoria permanente, son capaces de cualquier disparate.
Reflexión, sí y aplicación de las leyes y reglamentos, también. Si muchos cosas se escriben y pocas se aplican, el camino seguirá llevando a un despeñadero permanente.
El rigor en la prevención debe ubicarse en el nivel más alto. De poco servirán los discursos, si en medio de esta marea que procura ser ejemplo desde el deporte para una sociedad que sufre demasiado violencia en el día a día, se falla en actos esenciales.
Simple ejemplo: el básquetbol se sacudió tras Cordón y Welcome. Hubo sanciones, pérdida de categoría, aún se espera la verdad por el asesinato de una joven que simplemente quiso resguardar su auto, pero si van a jugar Malvín y Aguada por la Liga, mil personas no deben quedar esperando durante cuarenta minutos en plena calle Legrand para ingresar al gimnasio porque la Policía no llegó.
¿La verdad? No valen los argumentos: que no nos avisaron que el partido empezaba más temprano que los demás, que esto, que aquello…no, decididamente, no. En esto, las autoridades no pueden fallar, no pueden surgir excusas en forma permanente, no puede ser que el subsecretario del Interior diga que la Policía acompañó tres cuadras a los hinchas de Welcome y luego en el fallo de la Federación Uruguaya de Básquetbol se establezca (y nadie lo desmintió) que no la acompañó ni tres metros.
La tarea es ardua, pero debe ser ejecutada con rigor y precisión. Caso contrario, la reflexión será uno de los tantos paréntesis que buscan enfriar la realización de un nuevo clásico.
Otro tema, que afortunadamente sí tiene que ver con el rodar de la pelota por el pasto de una cancha de fútbol.
La selección sub 20 de Uruguay comenzó con buen pie la fase final del Sudamericano que se juega en Argentina.
El 3 a 1 a Perú es un nuevo paso a la ilusión de la clasificación al Mundial de Turquía y ¿por qué no? a dejar encendida la llamita de algo más grande, eso que no se alcanza desde hace 32 años.
No están Argentina y Brasil, el dato no es menor, pero también es cierto que si bien los números nos favorecen (único invicto, equipo goleador) el rendimiento del equipo aún no logra seducir. Entusiasma cada presencia de Nicolás López ante el arco rival, cuando despierta Rolan en la cercanías del dominio adversario, cuando Cristóforo sigue siendo trascendente en el medio…Uruguay sigue buscando, pero mientras tanto encuentra resultados favorables que nos aproximan a la meta.
Seguir en alta competencia internacional en juveniles, amplía la base más importante, que es la del futuro para la selección mayor.
Eduardo Rivas