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Paliza de Argentina

30 de julio de 2012 - 00:00

Argentina fue un torrente en su estreno olímpico y, con seis triples de Carlos Delfino y la sublime actuación de Luis Scola y Manu Ginóbili, derrotó sin paliativos (102-79) a una Lituania que se fue deshinchando con el paso de los minutos.

Scola fue el máximo anotador del partido con 32 puntos. Ginóbili aportó 21 y Delfino otros 20. Por parte de Lituania el mejor fue Linas Kleiza, con 20 tantos.

Ambos equipos ofrecieron un frenético primer cuarto repleto de calidad y brillantez entre las diabluras de Scola -10 puntos en ocho minutos- y Ginóbili -abrió el partido con dos triples-, y las respuestas de altura de Linas Kleiza, capaz de sobrepasar una y otra vez a Andrés Nocioni, y Jonas Valenciunas, un dechado de virtudes en la zona, por otro.

Scola entró al partido como un vendaval, e hilando fino con su juego de pies digno del mejor claqué llevó en volandas a Argentina para conseguir una primera ventaja ligeramente significativa a mediados del segundo cuarto (35-27), tras un robo de balón y penetración de Nocioni.

Los de Kestutis Kemzura frenaron a Scola gracias a la intensidad defensiva de Darius Songaila pero se olvidaron de cerrar el perímetro a otros jugadores albicelestes como Pablo Prigioni y Carlos Delfino.

El jugador -que es agente libre tras concluir la temporada en los Milwaukee Bucks- firmó dos triples determinantes. El primero para dar 14 de ventaja (48-34) a los de Julio César Lamas y el segundo, poco después sobre la bocina, para dejar el resultado en 51-39 al descanso.

El paso por los vestuarios no detuvo su majestuosa actuación y el alero siguió martilleando el aro de su rival con un sexto triple para aumentar la ventaja a 20 puntos (63-43) en pleno derrumbe de Lituania, incapaz de mantener el ritmo defensivo del primer cuarto.

La batería ofensiva de los sudamericanos tampoco parecía no encontrar fin en la aportación de Ginóbili, inasequible al desaliento, y Scola, capaz de cargar de faltas a todos los pívots lituanos.

Cualquier intento de reacción de los europeos era sofocado rápidamente. Lo buscaron de todas las maneras, incluso con una defensa en todo el campo, pero las fuerzas no les daban para más y la cuesta se hacía cada vez más empinada con 17 abajo a falta de un cuarto (78-61).

Argentina y su experiencia se limitaron a llevar el ritmo que les convenía en esos últimos compases y a demostrar que el paso del tiempo no es más que una ventaja para ellos, tal y como demostraron Prigioni y Scola con su célebre bloqueo y continuación, un arma tan letal como el potencial de este equipo. EFE

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