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Será el primero

21 de julio de 2012 - 00:00
Bradley Wiggins se convertirá en el primer británico que gana el Tour de Francia.

Será la consagración de un corredor nacido en la carretera y que ha protagonizado una espectacular metamorfosis hasta tocar el cielo al frente de un equipo, el Sky, fabricado en el laboratorio.

A sus 32 años, el excéntrico ciclista nacido en Gante pero criado en Londres, deja su huella sobre la prueba más importante del ciclismo en ruta, una disciplina en la que, hasta esta temporada, su palmarés era tan raquítico como impresionante el que había logrado en el Tour. El ciclista del Garmin había perdido siete kilos y ahora su carrocería de rodador tenía más facilidad para ascender allí donde antes se quedaba clavado.El hombre que hará que mañana suene por primera vez el "Dios salve a la reina" en los Campos Elíseos no había sumado ninguna victoria de prestigio en ruta cuando en 2009 sorprendió a propios y extraños al codearse con los mejores en un Tour de Francia en el que acabó apeado del podio por 37 segundos. Nada que ver con el ciclista que había desembarcado en Francia en 2002 para labrarse una carrera profesional. Primero en La Française des Jeux, posteriormente en el Crédit Agricole y, finalmente, en el Cofidis. Dos años en cada equipo y muchas decepciones, marcados por las fiestas, el alcohol y los fracasos.
"En esos años era más un alcohólico que un ciclista", recuerda ahora Wiggins. El cambio se produjo en el Garmin, de la mano de Jonathan Vaughters. Comenzó a tomarse en serio su trabajo sobre la pista. Adiós al ciclista gamberro. El cuarto puesto del Tour de 2009 le colocó en el punto de mira de Dave Brailsford para convertirle en el estilete de la maquinaria ciclista que estaba preparando con ayuda de la Federación Británica y el dinero del magnate de la comunicación Rupert Murdoch, dueño de la constelación televisiva Sky. Pero la aventura acabó camino de Châteauroux, donde se fracturó la clavícula.Empeñado en borrar el fracaso de 2010, en el que sólo pudo ser vigésimo cuarto, Wiggins centró en 2011 toda su preparación en el Tour. Se impuso en la Dauphiné ese año, su primer triunfo de prestigio sobre el asfalto, lo que le hizo llegar a la ronda gala en el selecto grupo de los favoritos. En 2011 su entrenamiento se intensificó y ganó la París-Niza, la Vuelta a Romandía y repitió triunfo en la Dauphiné. Un triplete que nadie había encadenado antes en la historia y que le dejaba en buena situación para lograr su sueño de ganar el Tour de Francia. Tras su estética "mod", sus declaraciones socarronas y su difícil carácter se esconde un enamorado del ciclismo y un loco de la historia de ese deporte. Wiggins lo conoce todo, está lejos de ser el recién llegado que parece. EFE
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