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Los 15 de Rubí, una fiesta agridulce, con miles de asistentes

Un hombre falleció en una carrera de caballos que se hizo en un hipódromo improvisado.

27 de diciembre de 2016 - 00:00

Con ilusión, pero visiblemente abrumada, la mexicana Rubí Ibarra vivió su multitudinaria fiesta de 15, celebrada en una comunidad remota por miles de personas convocadas a través de las redes sociales y que dejó la trágica noticia de un hombre muerto en una carrera de caballos.

"Hoy por la tarde, en el juego de la chiva hubo un accidente y una persona perdió la vida, por no atender las indicaciones e ir tomado bebida", Pedro Ibarra, tío de la joven a los medios de comunicación que coparon la celebración.

Según detalló la Fiscalía estatal, un hombre de 66 años murió y otro de 34 años resultó con una pierna fracturada al saltar el cerco de seguridad para entrar en el improvisado hipódromo. No obstante, la fiesta siguió su curso y con una gran parte de los miles de asistentes al evento completamente ajenos al suceso.

Desde primera hora de la mañana, mas de mil personas procedentes de varios rincones, incluidos mexicanos residentes en Estados Unidos, hicieron una primera escala en la diminuta comunidad de La Joya, en el vecino municipio de Villa de Guadalupe, para asistir a la misa y comida ofrecida por los padres.

Por la tarde varios miles de personas dieron fe de la magnitud del fenómeno Rubí, que se hizo viral hace apenas un mes por un vídeo colgado por error en redes sociales en el que su padre invitaba "cordialmente" a asistir a la fiesta a todo el que quisiera y que logró 1,3 millones de confirmaciones.

"Agradecer a todos los que están ahí presentes por acompañarme", dijo la adolescente desde uno de los dos escenarios montados para la ocasión, tras recibir un auto de regalo del alcalde de San Blas, en el occidental estado de Nayarit, que se hizo conocido por regalar billetes y alardear de que "roba, pero poquito".

"Estoy muy contento y muy alegres, acompañando la familia. Vamos dispuestos a echarle ganas, y a bailarlo", aseguró Miguel Ángel Quirós, oriundo de esta remota zona, con la etiqueta más vista en la fiesta para el hombre: botas, tejanos, cinturón y sombrero vaquero.

La estudiante Jacqueline González llegó con unos diez amigos y una nevera portátil llena de alcohol. "Estamos acostumbradas a estas fiestas, somos de rancho. Hoy vamos a pasarla bien con Rubí y bailar", dijo.

En la fiesta corrieron ríos de cerveza y las paradas de comida estaban instalada en un gigante descampado, mientras la música, con varias bandas participantes, sonó a millones de decibelios.

¿Y la homenajeada? Rubí se veía a ratos cómoda, a ratos sobrepasada y, sobre todo al principio, directamente asustada. A su llegada al lugar donde se celebró la misa fue prácticamente arrollada por los medios. Flanqueada por sus padres, apenas pudo llegar al altar.

"Respeten, por favor. No sean groseros, mi sobrina esta nerviosa", dijo su tío.

En la tarde, cuando Rubí reapareció, lo hizo menos tímida, y algo más tranquila. Aun con ello, no pudo evitar que alguna fan se saltara las medidas de seguridad y se tomara una foto con ella, ante la desaprobación de los familiares.

Como toda quinceañera, disfrutó del llamado vals de las 15 rosas y también se despidió de su ultimo juguete, una muñeca, mientras bailaba con su padre para escenificar la transición de niña a mujer.

Además de la suspensión de la carrera de caballos, la propia Rubí tuvo que hacer algunos cambios. No bailó en una especie de carpa montada para la ocasión a pie de campo, sino que lo hizo encima de un escenario reservado para los familiares.

Interpretó junto a sus chambelanes varias coreografías y en el brindis despertó alguna risa cuando, al tomar un sorbo de su copa, hizo una mueca por el contacto del alcohol con la lengua.

Al fin y al cabo Rubí es una niña. Eso sí, una niña convertida para muchos en un icono de las quinceañeras y del mundo rural mexicano y para otros en una distracción de los verdaderos males del país. Pero sobre todo, un ejemplo viviente de la capacidad de las redes sociales de desdibujar la línea que divide la esfera publica de la privada, y del poder, efímero y ambiguo, que acarrean.

EFE

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