El 40% de los pacientes que inicia un tratamiento de fertilidad en Uruguay termina abandonándolo por no poder cubrir los copagos establecidos por el Fondo Nacional de Recursos (FNR).
Para continuar, suscribite a Telenoche. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEEl FNR financia técnicas de reproducción de alta complejidad, que incluyen tres ciclos de estimulación con hasta tres transferencias embrionarias por intento.
El 40% de los pacientes que inicia un tratamiento de fertilidad en Uruguay termina abandonándolo por no poder cubrir los copagos establecidos por el Fondo Nacional de Recursos (FNR).
Se trata de la única prestación del organismo que exige este tipo de aporte económico, lo que motivó la creación del colectivo Copago Cero, integrado por expacientes que reclaman la eliminación de esta modalidad.
Desde 2015 el FNR financia técnicas de reproducción asistida de alta complejidad, que incluyen tres ciclos de estimulación con hasta tres transferencias embrionarias por intento. Cada ciclo tiene un costo de $333.938. En 2020 se implementó el sistema de copagos escalonados según ingresos: quienes perciben menos de $65.760 nominales mensuales no pagan, mientras que los demás deben abonar entre 25% y 85%.
Belén Piñeyrúa, psicóloga y paciente de fertilidad, señaló que “sabemos cuándo empezamos pero no sabemos cuándo terminamos estos tratamientos” y sostuvo que “los copagos muy altos hacen que sea imposible para muchas mujeres continuar con más de un intento”. Explicó que la situación genera “mucha angustia” porque al recibir un resultado negativo no solo se piensa en ese desenlace sino también en el próximo pago.
En su caso personal, Piñeyrúa contó: “Estuve casi cuatro años en tratamiento. Llegué a la fertilización in vitro y ahí nació María, que hoy tiene cinco años, después logré un embarazo espontáneo y hoy tengo a Matilde de cuatro. Tengo tres hijos entre el cielo y la tierra, después de diez años de pasar por la infertilidad”.
La Organización Mundial de la Salud define a la esterilidad como una enfermedad. En Uruguay, la ley de reproducción asistida fue aprobada en 2013 y, según Piñeyrúa, “es una buena ley, ha ayudado a muchas parejas a formar su familia, pero sigue siendo perfectible porque la infertilidad es la única enfermedad con copagos en el Fondo y el 40% de los pacientes abandona por razones económicas”.
El impacto de los tratamientos no es solo económico. Según Piñeyrúa, “estos procesos son mucho más emocionales que médicos”, ya que afectan la salud mental y la vida sexual de las parejas.
En ese sentido, la médica sexóloga Fiamma Dellacasa explicó que la medicalización de la fertilidad “planifica y cronometra la vida sexual”, lo que puede provocar sentimientos de insuficiencia y depresión. “Es muy difícil darle espacio a la sexualidad y al erotismo en un proceso que está mediado por los tiempos de la biología y no por los del propio deseo”, indicó.
Dellacasa agregó que la presión económica también incide y que, en algunos casos, “todo lo que tiene que ver con el disfrute, el placer y el erotismo queda relegado, generando disfunciones sexuales e incluso separaciones de pareja por lo emocional, lo sexual y lo económico”.
Suscríbete y recibe todas las mañanas en tu correo lo más importante sobre Uruguay y el mundo.
SUSCRÍBETE