14 de octubre de 2026 - 21:54 El 50% de los escolares uruguayos se acuesta demasiado tarde y uno de cada cuatro presenta un cambio en sus horarios de sueño durante los fines de semana. Entre los liceales, la situación alcanza a nueve de cada diez adolescentes, según datos presentados en un seminario conjunto de la Academia Nacional de Ciencias y la Academia Nacional de Medicina de Uruguay.
Los especialistas señalaron que los horarios de descanso de los jóvenes no se ajustan a sus necesidades biológicas. En particular, los adolescentes tienden a dormirse tarde, mientras que los horarios de ingreso a los centros educativos los obligan a levantarse temprano, lo que reduce las horas disponibles para dormir.
En Uruguay, algunos liceos comienzan las clases a las 7:10 o a las 7:30. Por ese motivo, los científicos plantearon evaluar la posibilidad de retrasar el horario de entrada, con el objetivo de favorecer el descanso de los estudiantes.
El impacto de los horarios en el descanso
Los datos presentados durante el seminario indican que el reloj biológico de los uruguayos tiene, en promedio, un retraso de aproximadamente una hora y media respecto al horario considerado óptimo en relación con la luz solar.
Los especialistas vincularon esta situación con las rutinas sociales, los horarios de las comidas y las actividades nocturnas, así como con las exigencias del mercado laboral.
En ese sentido, señalaron que el trabajo nocturno y los turnos rotativos pueden alterar los horarios de sueño y generar fatiga acumulada. También advirtieron sobre los riesgos para la salud a largo plazo, entre ellos los problemas metabólicos y cardiovasculares.
Durante el seminario se indicó que cerca del 20% de los uruguayos trabaja de noche o en turnos rotativos.
Las propuestas para mejorar el descanso
Entre las medidas planteadas por los especialistas se encuentra la incorporación de preguntas sobre el sueño en el carné de salud. La propuesta apunta a evaluar cuántas horas duerme una persona y su exposición a la luz, además de promover la capacitación de los profesionales para detectar posibles trastornos.
En el ámbito laboral, se propuso garantizar un mínimo de 11 horas de descanso entre el final de una jornada y el comienzo de la siguiente.
En educación, se planteó abrir el debate sobre el ingreso más tardío a los liceos, debido a las dificultades que tienen los adolescentes para conciliar el sueño temprano y descansar las horas necesarias antes de comenzar las clases.
Además, se propuso adaptar la iluminación de los hospitales para evitar alteraciones del sueño de las personas internadas y promover el uso de tecnología especializada para diagnosticar trastornos del descanso.