Más homicidios y niños baleados
Según cifras oficiales, durante el primer semestre de 2026 fueron asesinados ocho niños, niñas y adolescentes, frente a seis en el mismo período de 2025. Esto representa un aumento de 33,3%. Entre las víctimas de este año hubo un niño de un año y otro de 12. Los otros seis tenían entre 14 y 17 años.
La cantidad de menores baleados también resulta significativa. Entre el 1.º de enero y el 30 de junio de 2026 fueron baleados 40 niños, niñas y adolescentes. Ocho tenían entre uno y 11 años, mientras que el resto eran adolescentes de entre 12 y 17.
Además, en los últimos meses se produjo un fuerte aumento de los homicidios de menores. Hasta el 17 de junio se habían registrado cinco niños y adolescentes asesinados en el año. Entre el 18 de junio y el 1.º o 2 de agosto, en un período inferior a 45 días, fueron asesinados otros 10. De esta forma, la cifra llegó a 15 homicidios en lo que va del año.
Paula Baleato, de Plataforma Infancias y Adolescencia, señala que detrás de esas cifras hay familias, barrios y comunidades educativas que enfrentan situaciones de extrema violencia.
Niños que crecen entre balaceras
El informe muestra escenarios en los que niños muy pequeños aprenden a diferenciar el sonido de un disparo del de un fuego artificial y saben que deben tirarse al piso cuando escuchan balas.
En algunos centros educativos existen protocolos específicos frente a estos episodios. La violencia puede alcanzar directamente a los menores, que quedan en medio de enfrentamientos entre personas vinculadas a actividades delictivas, aunque no tengan relación con esos conflictos.
El jefe del CTI Pediátrico del Pereira Rossell, Héctor Telechea, explica que en los últimos años aumentó la frecuencia de niños hospitalizados por heridas de bala. Algunos lograron recuperarse, mientras que otros quedaron con secuelas.
El trabajo también aborda el impacto que estas situaciones generan en los equipos de salud, que acompañan a niños víctimas de una violencia de la que son ajenos.
La violencia también llega a las escuelas
Las consecuencias no se limitan a quienes reciben directamente un disparo. Una balacera en una comunidad afecta a estudiantes, docentes y al resto de la comunidad educativa.
Silvio Flores, de Escuelas Disfrutables, explica que el programa de ANEP busca que la escuela sea un espacio seguro para los niños, independientemente de las condiciones de sus hogares.
Durante el último año, los equipos de Escuelas Disfrutables realizaron 9.949 actuaciones. Casi el 20% estuvo relacionado con hechos violentos o vulneraciones de derechos de niños y niñas.
Los equipos están integrados por psicólogos y trabajadores sociales y, ante situaciones de violencia, pueden elaborar informes técnicos y realizar las derivaciones correspondientes.
El abordaje comienza procurando que el niño pueda hablar y encontrar un adulto referente y protector. Si esas medidas no son suficientes, se recurre a las vías legales para garantizar sus derechos.
Violencia, desprotección y narcotráfico
El informe también pone el foco en la violencia que se origina dentro de los hogares o en el entorno más cercano de los menores y en la forma en que algunos episodios terminan naturalizándose.
Cuando una familia queda expuesta a ataques vinculados con enfrentamientos entre bandas o el narcotráfico, surge además el problema de cómo protegerla después del episodio: desde una eventual salida del barrio hasta medidas de protección y atención del trauma psicológico de los niños que viven esas situaciones.
Claudia Romero, presidenta de INAU, explica que cuando las garantías de cuidado no están dadas en el entorno familiar o comunitario, es un juez quien puede disponer que los niños queden bajo el amparo del instituto.
Los menores derivados al sistema de protección por hechos de violencia alcanzaron cifras récord. En 2020 había 20.000 oficios judiciales vinculados al sistema, mientras que en 2025 la cifra llegó a 73.000. Se trata de oficios y no de cantidad de niños.
Romero señala además que en el sistema de protección especial la mayoría de los niños está allí luego de haber sido expuesta, entre otras situaciones, a hechos de violencia.
Según lo presentado en el informe, INAU registra 27 casos diarios de violencia. El dato corresponde a situaciones registradas y no incluye las denominadas violencias territoriales.
Adolescentes entre el delito y la falta de oportunidades
Durante los primeros seis meses del año, 38 adolescentes de entre 13 y 17 años fueron asesinados o baleados, según los datos presentados en el informe. La mayoría no tenía relación con actividades delictivas.
Sin embargo, también aparecen casos de adolescentes que ingresaron a organizaciones criminales y fueron captados mediante la oferta de drogas o dinero. También aparecen necesidades vinculadas con el reconocimiento, la identidad, la pertenencia y la búsqueda de poder.
La captación no se limita a adolescentes. También existen casos puntuales en los que se detectaron indicios de que niños y niñas en edad escolar podrían estar vinculados al narcotráfico.
La falta de acceso a determinados recursos y oportunidades frente a otros modelos de vida puede convertirse, según los testimonios recogidos, en uno de los factores que favorecen esa captación.
El informe plantea así una realidad en la que algunos menores son víctimas de la violencia, mientras otros pueden terminar participando de estructuras delictivas. En ambos casos, el entorno de vulnerabilidad aparece como uno de los principales elementos de una problemática que atraviesa a niños, adolescentes, familias, escuelas y comunidades.
Mirá el informe completo de Telenoche