El 11 de setiembre de 2001 parecía que sería otro día normal en la ciudad de Nueva York: cielo despejado, las personas en sus trabajos y la misma rutina de siempre.
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SUSCRIBITEEl 11 de setiembre de 2001 parecía que sería otro día normal en la ciudad de Nueva York: cielo despejado, las personas en sus trabajos y la misma rutina de siempre.
Así recuerda el comienzo de esa jornada el uruguayo Claudio Cacciavillani que ese fatídico día, hace exactamente 20 años, se encontraba trabajando junto a su amigo Javier Porley en una empresa de construcción en el piso 85 de una de las Torres Gemelas.
En diálogo con Telenoche, Cacciavillani contó cómo sobrevivió a ese día donde casi 3.000 personas perdieron la vida al derrumbarse ambos edificios tras el impacto de dos aviones comerciales.
"Esa mañana pintaba que iba a ser un día precioso (...) eran las 9 de la mañana y estábamos en la hora de descanso, porque la Construcción empieza las actividades a las 7, y estábamos recostados en las ventanas cuando sentimos una gran vibración que fue el primer avión que chocó contra la Torre 1, que era la otra torre", narró.
Según contó el uruguayo, en primer lugar pensaron que era un atentado con explosivos y tomaron la rápida decisión junto a su compañero de descender por las escaleras. Esta iniciativa les salvó la vida dado que la magnitud de la situación era mucho más aterradora.
En medio del caos, y sin entender lo que sucedía aunque lejos de imaginarse lo que realmente estaba pasando, Claudio y Javier se dispusieron a bajar los 85 pisos cuando el segundo avión impactó contra su torre.
"Estaríamos entre el piso 50 y 60, allí fue cuando el avión impactó contra la torre nuestra (...) hubo un período de tiempo tres o cuatro minutos que estuvimos parados en el mismo lugar porque supuestamente en la planta baja la puerta de salida estaba cerrada, entonces estuvimos parados en el mismo lugar esperando (...) hasta que se empezó a mover todo de vuelta para poder descender hasta la planta baja", explicó.
Una vez afuera del edificio, ambos amigos, corrieron una cuadra y media para alejarse del lugar. Al alejarse una distancia prudente, ninguno de los dos podía creer lo que estaba viendo y atinaron a comprar unas cámaras descartables para registrar el terrible momento.
"Fue la primera reacción que uno tuvo (...) yo trato de guardar esto en el pasado, la vida sigue, pero es una fecha que no se olvida, es un día que para mí está marcado a fuego y gracias a Dios me dio otra oportunidad que otra gente no la tuvo", culminó.
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