Dardo Sánchez tiene una de esas ocupaciones que van quedando olvidadas con el tiempo, pero que está llena de historia. Él es relojero y se encarga de reparar relojes antiguos.
25 de septiembre de 2020 - 00:00
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SUSCRIBITEDardo Sánchez tiene una de esas ocupaciones que van quedando olvidadas con el tiempo, pero que está llena de historia. Él es relojero y se encarga de reparar relojes antiguos.
Todas las semanas da cuerda al reloj de la Iglesia Matriz, al del Mercado del Puerto y en su taller se destacan los engranajes de un enorme reloj alemán del siglo XIX que había quedado en el olvido.
Junto con su tornero de confianza, Heber Galván, el relojero mantiene viva una tradición que espera que se pueda mantener en el futuro, aunque reconoce que es "muy difícil".
"Esto es el mundo, es una fantasía que uno quiere, es el amor que se creó", dijo el relojero sobre su oficio.
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