La guía turística Haike Winter, de 56 años, se presentó como voluntaria para ordeñar vacas en un kibutz en el sur de Israel, donde muchos trabajadores tailandeses fueron asesinados o secuestrados por Hamás el 7 de octubre.
Voluntarios israelíes suplen a trabajadores agrícolas
"Sentí que debía hacer algo por la gente de aquí, heridos, muertos y rehenes", explica la mujer mientras fija los tubos de ordeño a las ubres de las vacas en el kibutz (granja colectiva) Nir Oz, a dos kilómetros de la Franja de Gaza.
Su motivación es similar a la de decenas de miles de israelíes que participan en trabajos voluntarios, incluso de un solo día, para reemplazar a los tailandeses o palestinos que realizaban labores agrícolas antes de la matanza.
Decenas de voluntarios, de entre 18 y 60 años, son conducidos cada día a la granja bajo escolta militar para ordeñar las vacas. El sitio es una sucesión de casas y edificios calcinados, acribillados a balazos, rastros del ataque del 7 de octubre.
Entre los voluntarios del kibutz se encuentran tanto amas de casa como ingenieros, que duermen en el lugar y ayudan a cuidar a unas 600 vacas lecheras.
Para varios voluntarios manifiestan que se ocupan de las granjas del sur de Israel, una de las principales zonas agrícolas del país, forma parte de la misión patriótica, aunque la agricultura representa menos del 2% del PIB israelí.
Según el ministerio de agricultura israelí, el rendimiento lácteo en las regiones fronterizas cercanas a Gaza es actualmente del 60% de su nivel anterior a la guerra.
Con la "crisis de la mano de obra" que afecta a la agricultura, el ministerio espera también una disminución de la producción de cultivos de invierno.
Para esta región agrícola, "el problema no es de orden económico", estima Elise Brezis, profesora de economía en la universidad israelí Bar Ilan. El verdadero reto, según ella, es "tener fronteras seguras", que permitan a los kibutz revivir.AFP
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