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<span style="font-size: medium;">Javier García</span>

Se perdió la dignidad arriba

17 de diciembre de 2012 - 00:00

Eso resolvieron Mujica y Astori con respecto a Calloia y Lorenzo: "bancar lo que sea", así lo informó El Observador. Aquello que exigían con las yugulares inflamadas cada vez que se producía una acusación a algún jerarca de gobierno de otros períodos, pidiendo renuncias y reivindicando que se removiera a cualquiera que fuera acusado aún antes de que actuara la Justicia, cuando les toca pactan el encubrimiento y cual código de Omertá acuerdan la impunidad política.

Lo de Calloia y Lorenzo es insostenible, no se les puede creer absolutamente nada de lo que digan sobre el escándalo de Pluna. Quien les crea sufre de un ataque de ingenuidad imperdonable. Los antiguos denunciadores en vez de hacer lo que exigían cuando eran oposición que era que se destituyera a los imputados, siendo gobierno mutan y deciden "bancar lo que sea".

Ciertamente tienen un peligro implícito en no hacerlo, que es el que Calloia, si le sueltan la mano, empiece a contar la verdad de algo que él, como viejo funcionario bancario sabe que es un mamarracho como lo del aval. Lo cubren porque si no lo hacen no tendrá empacho en detallar los ribetes de este negocio de subastas y avales truchos, empresas fantasmas y empresarios que reciben en sus oficinas a políticos que recién asumidos van a "presentarse" a la oficina del propio empresario, como hizo el novel secretario de la Presidencia acompañado de Calloia, con López Mena.

Sin embargo lo peor no es el caso Pluna, ni la inseguridad, ni la mala gestión en educación. Eso es muy malo, pero peor es la herencia que dejan en una sociedad quebrada en sus valores. Una ley se cambia con mayorías en el Parlamento, pero los valores que se pierden en una sociedad se tarda en recuperarlos.

Todo da lo mismo, hacer las cosas bien o mal es igual. Si no fuera así a nadie se le ocurriría "bancar lo que sea", porque lo que sea puede ser un fraude, hacer negocios turbios o simplemente la incompetencia de personas que se rifan la plata de todos.

Si hay límites no se banca cualquier cosa, se sanciona al que hace las cosas mal, no se lo encubre. Cuando se pierden los valores un presidente con ordinariez y cobardía ataca a las mujeres y familias. El guerrillero de ayer, aquel que se erigía en guardián valiente de la justicia, termina escondido en su impunidad presidencial insultando mujeres, haciendo violencia de género.

Es obvio que el episodio es sinónimo del quiebre de la sociedad y mucho más lo es cuando algunos lo festejan y otros lo minimizan. ¿Qué autoridad puede tener una maestra para corregir a un niño que le falta el respeto a una compañera, o que insulta?

Dicen que Mujica es un gran comunicador. En verdad es un gran demagogo y populista de la palabra. Hace justicia social de boca y con ella diagnostica e improvisa soluciones fáciles, pero se queda inmóvil y sin utilizar el enorme poder que tiene en un gobierno con recursos abundantes y mayorías legislativas. Lo del otro día algunos lo perdonan porque "Mujica es así". Si es así problema de él, porque el Uruguay no es así, nunca lo fue.

Los uruguayos siempre fuimos austeros, inconformistas, criticadores sí, pero nunca ordinarios. Cuando se "banca" cualquier cosa estamos en problemas, porque no todo es igual, no es lo mismo la honradez que la corrupción, ni el respeto que la ordinariez. Se perdió la dignidad arriba, es difícil que haya regocijo abajo.

Javier García

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