La historia que recorre por estas horas varios medios de comunicación bien podría ser la trama de una serie de Netflix. Sin embargo, es un caso real informado por el diario Daily Mail, que cuenta la historia de Ramón Sosa, un entrenador de boxeo que reside en Texas (Estados Unidos).
Fingió su muerte con ayuda de FBI para probar que su mujer lo mandó matar
Sosa recibió ayuda del FBI para fingir su muerte y engañar a su esposa, quien estaba dispuesta a pagar US$ 2.000 para que lo asesinaran.
Los integrantes de esta pareja se conocieron en 2007, se casaron tres años después y abrieron un gimnasio. Sin embargo, cuando los problemas financieros de ese negocio perturbaron la paz de su relación, ella solicitó el divorcio.
Tiempo después y por razones que no quedan claras la mujer comenzó a planificar la muerte de su exmarido. Habló con un hombre para organizar el crimen, pero resultó que había entrenado con su esposo y ambos eran amigos.
"Cuando me llamó y dijo que necesitaba verme porque alguien 'quería matarme', pensé que estaba de broma", relató Sosa.
Tras esta conversación, acordaron que el potencial asesino llevaría un micrófono oculto cuando hablara con la ideóloga del plan para registrar cómo le ofrecía una recompensa económica por llevar a cabo el asesinato y poder presentar esa grabación a las autoridades.
Durante ese encuentro, María Sosa expresó que quería a su esposo muerto. Su cónyuge mostró la reproducción de esa declaración a la Policía del Condado de Montgomery y, con el apoyo del FBI, los oficiales idearon una emboscada.
Así, maquillaron a Ramón Sosa para que pareciera que había fallecido por un disparo en la cabeza, le pidieron que se tumbara sobre una fosa cavada en el desierto y fotografiaron esa presunta ejecución. "Pretender que estaba muerto fue terrorífico", confesó la presunta víctima.
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