Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Telenoche. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Alberto Couriel

América Latina en el escenario

26 de diciembre de 2012 - 00:00

El mundo internacional viene experimentando múltiples cambios. Por un lado, Obama volvió a triunfar en EEUU, pero los republicanos mantienen la mayoría de la Cámara de Diputados. Esto obliga al gobierno demócrata a negociar el nuevo tope de deuda, los recortes o no de los gastos públicos, el mantenimiento o no de las exenciones a impuestos a los ricos o, inclusive, su incremento.

A esto estará sujeto el crecimiento de ese país en el futuro, muy dependiente del dinamismo del gasto público. Por su parte Europa entra en recesión y los países del sur de ese continente se encuentran muy cercanos a situaciones de depresión. Los dirigentes políticos siguen realizando declaraciones favorables al crecimiento y al empleo, pero toman medidas de ajuste que profundizan la recesión.

No se avizoran salidas de corto plazo y la situación crítica se puede mantener en la presente década. Aún así, EEUU mantiene hegemonía militar, comunicacional, ideológica y financiera, aunque se debilita políticamente y Europa pierde espacios de poder en todos los planos.

 Asia, China y el Sur avanzan. En los próximos años el comercio sur-sur va a superar al comercio norte-norte. Asia pasará a ser el motor del crecimiento de la economía mundial, en la medida que explicará el 60% del consumo privado mundial sustituyendo a EEUU, cuyo consumo privado fue el motor del crecimiento mundial de las últimas décadas. China se transformó en la segunda economía mundial y en el primer exportador de bienes y de productos manufacturados. Es una gran potencia comercial, el principal acreedor financiero de  EEUU y puede llegar a constituirse en el gran financista de la deuda externa de la Unión Europea. Por todos estos factores se habla del pasaje de poder del Atlántico al Pacífico.

Se trata de un crecimiento basado en un modelo exportador, apoyado por una moneda devaluada y bajos salarios. La crisis del 2008, que afectó a sus principales compradores –EEUU y Europa– debilitó su modelo y obligó a China a incrementar sustantivamente su demanda interna sobre la base de una inversión que llegó a superar el 50% del PBI. Tan alto coeficiente de inversión –especialmente en vivienda y en infraestructura– no puede sustentarse en el tiempo y obliga a dinamizar la demanda interna por la vía del consumo privado. En estos días se concretaron los cambios políticos en el Partido Comunista Chino y en su gobierno, que deberán garantizar el nuevo modelo, enfrentar la corrupción interna y las enormes desigualdades sociales.

América Latina ha tenido una performance relativamente aceptable frente a la situación crítica del mundo desarrollado. México y América Central sufrieron las consecuencias de la crisis económica y financiera de EEUU dada la especial relación que mantienen por su dependencia comercial, por el problema de los inmigrantes, de las remesas familiares y, sin duda, por el tema de las drogas y el narcotráfico. América del Sur se vio favorecida por el dinamismo de China, que le permite altos precios de sus principales productos de exportación.

EEUU está más preocupado por los sucesos políticos de México y Centro América que por América del Sur, lo que le facilita a ésta un mayor grado de autonomía con respecto a la potencia mundial dominante históricamente en la región. El dinamismo de China favorece a América del Sur pero en cambio compite con México y Centro América. Por todo ello, hay una clara diferenciación entre la América Latina del Norte y la del Sur.

  La crisis actual es una oportunidad histórica para América del Sur, que se ve reflejada en su alto dinamismo económico y una mayor presencia en el campo internacional. La Unasur es un acuerdo político con enormes potencialidades de avances en materia política, económica, social y cultural, que viene cumpliendo un papel importante en situaciones de quiebres reales y potenciales de los procesos democráticos en los países de la región. EEUU ya no tiene el monopolio para influir en dichas situaciones. Unasur intenta avanzar en temas de defensa, infraestructura, energía y financieros. En este contexto favorable, surgen una serie de desafíos que comprometen y dificultan las posibilidades de futuro.

  Se ha creado la alianza del Pacífico compuesta por Chile, Perú, Colombia y México. Estos son países que tienen tratados de libre comercio con EEUU y que, por lo tanto, pueden alcanzar un grado importante de articulación con la política de ese país en la región. Pueden reflejar en el futuro diferencias con Brasil, especialmente por parte de EEUU y de México. Ello puede comprometer la acción unitaria de la Unasur.

  Por otro lado se ha creado el Alba, conformado por Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua con un sesgo claramente ideológico, pero con menos fuerza económica y política. El compromiso de integración más claro es el del MERCOSUR conformado por Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela y Paraguay, éste momentáneamente suspendido. MERCOSUR y Unasur son complementarios y tienen enormes potencialidades: de agua, de tierras agrícolas y mineras, de infraestructura, de energía, de ciencia y tecnología, de carácter financiero y de complementariedad productiva, elemento central para enfrentar las actuales asimetrías. Potencialidad para una mejor negociación en el plano internacional; pero no existe una política exterior común.

Brasil, Argentina y México integran el G20, pero no llevan políticas comunes, no coordinan ni consultan con el resto de los países de la Unasur ni del MERCOSUR. México se encuentra en una línea más cercana a EEUU. Brasil juega como “global player” en las relaciones internacionales. Le importa jugar más con el BRICS (Brasil, China, Rusia, India y Sudáfrica) que con sus socios regionales. No hay coordinación ni consultas en política exterior y esto afecta las posibilidades de futuras negociaciones, como por ejemplo del MERCOSUR con China y Rusia. Brasil se encuentra interesado en América del Sur porque es el destino de sus exportaciones manufactureras. En la actualidad, hay una excelente relación entre Brasil y Uruguay, lo que facilitará los intercambios comerciales y los procesos de integración energética y de infraestructura. Por otro lado, Argentina con problemas internos, toma medidas sin tener en cuenta las necesidades y requerimientos de todo proceso de integración, afectándolo. Con estas situaciones regionales se pueden perder las oportunidades que la crisis internacional le brinda a la región para ganar espacios de negociación y de complementariedad.

  Uno de los grandes desafíos para el futuro, especialmente para el MERCOSUR, lo constituye la necesidad de complementariedad productiva, especialmente en materia industrial y de servicios. Quienes más avanzan en complementar cadenas de valor son las grandes empresas transnacionales, como lo muestran los acuerdos en la industria automotriz. Pero esta complementación requiere una integración más activa, con coordinación de estrategias de desarrollo, de conformación de estructuras productivas atendiendo las necesidades regionales.

Pero no hay pensamiento estratégico en los países de la región, donde siguen dominando las políticas macroeconómicas de corto plazo, con prioridad en la estabilización de precios e, inclusive, a problemas financieros. La política, la acción del Estado y la coordinación de políticas públicas deberán cumplir un papel central en el futuro de la integración regional. Esta es vital para negociar en mejores condiciones con el mundo desarrollado y para el propio desarrollo de nuestros países.

Alberto Couriel

Telenoche | ¡Suscríbete a nuestro Newsletter!

¡Suscríbete a nuestro Newsletter!

Suscríbete y recibe todas las mañanas en tu correo lo más importante sobre Uruguay y el mundo.

SUSCRÍBETE

Te Puede Interesar