De un nacimiento centenario con fines bélicos hasta la actualidad, donde sus usos van desde la recreación a los usos sanitarios, los drones viven hoy su era dorada, con un crecimiento exponencial al que Uruguay no es ajeno.
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SUSCRIBITEEl informe de Telenoche detalla la normativa, vigente y futura, y muestra la cara social de quienes se volvieron fanáticos de esta tecnología.
De un nacimiento centenario con fines bélicos hasta la actualidad, donde sus usos van desde la recreación a los usos sanitarios, los drones viven hoy su era dorada, con un crecimiento exponencial al que Uruguay no es ajeno.
En 2014, Uruguay comenzó a reglamentar el uso de estos artefactos. Aunque hay muchos más, los registros indican que 3.000 drones ingresaron de forma legal al país, pero solo 900 personas realizaron el curso para operarlos. Porque sí: un dron no es un juguete y su uso requiere de ciertos conocimientos técnicos y de normativas, explica en este informe de Telenoche Pablo Guigou, inspector de la Dirección Nacional de Aviación Civil (Dinacia).
Para formar a los operadores hay varias escuelas de drones. Eduardo, instructor en el uso de estas aeronaves, señala que hay condiciones meteorológicas y lugares a tener en cuenta a la hora de volar uno de estos artefactos, y para ello hay que superar exámenes teóricos y prácticos supervisados por la Dinacia.
La mayoría de quienes operan esta tecnología no cuentan con la autorización de Dinacia y esto “puede generar un problema de seguridad”, advierte Guigou.
Con tantos drones volando, hay reportes de diversos accidentes en el país, incluso con lesiones de personas y daños materiales. Donde más se registran es en las áreas rurales, con el uso de drones fumigadores, que son aeronaves de gran porte (más de 150 kilos).
“No son juguetes”, subraya Triana Carreira, directora de Seguridad Operacional de la Dinacia, que aclara que hay algunas restricciones para su uso, como no sobrevolar zonas pobladas, hacerlo por debajo de los 120 metros, no hacerlo sobre aglomeraciones de gente o áreas protegidas como los aeropuertos.
“El que opera un equipo que está volando está introducido en un sistema aeronáutico, un engranaje en que cada una de las piezas tiene que funcionar a la perfección”, destaca.
Pese a que hoy no se requiere permiso para operar un dron de menos de 25 kilos, la Dinacia, la Dirección Nacional de Aduanas y otros organismos trabajan en una normativa, que estará lista antes de fin de año, mucho más exigente que la actual, basada en criterios internacionales de clasificación de drones. Así, para operar artefactos de más de 250 gramos se requerirá licencia.
El crecimiento del uso de estas aeronaves benefició el nacimiento y crecimiento de comunidades de droneros que ya organizan eventos y encuentros.
Antonello Pertuso, miembro de una de estas agrupaciones, dice que el dron “es un camino de ida”.
“Nuestra meta es que la gente que tiene más experiencia le pase la experiencia a los más nuevos”, apunta Javier Yine, mientras que Jony Rodríguez valora que el grupo “es una familia”. Todos coinciden en la necesidad de instruirse para volar con seguridad.
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