21 de marzo de 2026 - 18:58 El grupo de K-pop BTS regresó a los escenarios tras casi cuatro años de pausa obligada por el servicio militar en Corea del Sur, retomando su actividad en medio de una expectativa global que combina música, negocio y un trasfondo social poco habitual en la industria.
Se trata de un grupo masculino formado en 2013. Está compuesto por siete integrantes: Jin, Suga, J-Hope, RM, Jimin, V y Jungkook. Desde el inicio alcanzaron hitos históricos en ventas y premios: primeros artistas coreanos en encabezar el Billboard Hot 100 ("Dynamite", "Butter"), múltiples nominaciones al Grammy, más de 520 premios totales, y récord mundial como el grupo más escuchado en Spotify.
Su retorno se dio en un multitudinario concierto en Seúl, seguido en vivo por millones de personas en todo el mundo, que funciona como punto de partida de una gira internacional de gran escala. El tour, con decenas de fechas en varios continentes, refleja el tamaño de un fenómeno que trasciende lo artístico y se proyecta como uno de los mayores motores económicos de la música actual.
Un impacto con nombre propio
Según estimaciones de analistas, la nueva gira podría generar ingresos que rivalicen o incluso superen los obtenidos por Taylor Swift en su último tour mundial. A la venta de entradas se suman los gastos de los seguidores que viajan para asistir a los shows, un efecto económico que algunos expertos denominan “BTSnomics” y que impacta directamente en el turismo, el comercio y las industrias culturales.
El alcance del grupo también se refleja en el consumo de productos asociados, que va desde artículos promocionales hasta bienes cotidianos, con aumentos significativos en ventas en los días previos a su regreso. A esto se suma el impulso a la llamada “ola coreana”, que incluye cine, series, gastronomía y otros contenidos culturales que ganan visibilidad a nivel global.
Una pausa forzosa y el lado oscuro del K-pop
Los siete integrantes debieron interrumpir su carrera en 2022 para cumplir con esta exigencia legal, que alcanza a todos los hombres del país sin excepciones, incluso a celebridades. El caso incluso reavivó un debate local sobre si artistas con impacto internacional deberían recibir un trato diferencial. Sin embargo, la normativa se mantuvo sin cambios, en un país que prioriza las instituciones y las obligaciones estatales por encima del éxito individual.
A su vez, el regreso del grupo también pone el foco en el funcionamiento de la industria del K-pop, reconocida por su capacidad de producir estrellas globales pero también cuestionada por sus exigencias. Con cientos de grupos activos y miles de aspirantes, el sistema se caracteriza por una competencia intensa, rutinas de entrenamiento extensas y un control estricto sobre la vida personal de los artistas.
Expertos señalan que este modelo, altamente estructurado y jerárquico, fue clave para el crecimiento del género, aunque también generó críticas por la presión que enfrentan los intérpretes. A esto se suma la relación con los seguidores, que en muchos casos trasciende el vínculo tradicional entre artista y público y puede derivar en conductas invasivas o situaciones de acoso.
Con una nueva gira, un álbum que ya registra millones de copias vendidas y una audiencia global en expansión, el grupo vuelve a posicionarse en el centro de la escena internacional.
Con información de AFP.