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Pasaron Juventus y PSG

6 de marzo de 2013 - 00:00

La Juventus de Turín logró clasificarse para cuartos de final de la Liga de Campeones, al imponerse con facilidad por 2-0 al Celtic de Glasgow, un resultado que no hizo sino confirmar la superioridad que el equipo italiano demostró en el partido de ida. El Valencia, en tantom se quedó a las puertas de la sorpresa en el Parque de los Príncipes, de remontar el mal resultado que traían de Mestalla en octavos de final de la Liga de Campeones contra el París Saint-Germain, que logró meterse entre los ocho mejores del continente tras empatar a uno.

Con un marcador global de 5-0 a su favor, el equipo que entrena el italiano Antonio Conte dio un paso más en la que a día de hoy es su principal meta, volver a reinar en Europa, toda vez que en la Liga de Italia las cosas le siguen pintando igual de bien, líder con seis puntos de ventaja sobre el segundo, el Nápoles.

En los primeros minutos del partido la tónica fue la de un Celtic que intentaba llegar a la portería de Gianluigi Buffon, sin conseguir poner en apuros al guardameta (lleva 490 minutos imbatido en Liga de Campeones), y un Juventus que prefería jugadas de contragolpe.

En una de ellas, en el minuto 24, fue cuando llegó el gol de Matri, quien como hiciera en el partido de ida, fue el encargado de abrir fuego contra el equipo de Neil Lennon, quien, desde la banda y bajo la lluvia que caía sobre el Juventus Stadium de Turín, daba muestras evidentes de impotencia.

Matri supo aprovechar un balón que quedó muerto en el área pequeña en el despeje por parte del portero inglés Fraser Gerard Forster a un tiro de Quagliarella, quien se disputó la titularidad para este partido con su compatriota Sebastian Giovinco.

El segundo gol, más los tres acumulados en la ida, llevaron a Conte a realizar los últimos cambios para reservar jugadores para las siguientes fases, entre ellos el siempre decisivo Pirlo.

El Valencia, por su parte, creyó durante unos minutos en la remontada ante el multimillonario PSG, que vuelve a los cuartos de final de la Liga de Campeones 18 años después.

Los valencianistas efectuaron un gran segundo tiempo que les permitió creer en una remontada que parecía casi imposible, que solo un cinco por ciento de los equipos habían logrado en toda la historia de la máxima competición europea.

Pero les faltó contundencia en el ataque, el mismo mal del que adolecieron en la ida y que dejó tocada del ala la eliminatoria en Mestalla.

El gol de Jonas en el minuto 55 hizo soñar al equipo, pero la alegría duró apenas once minutos, el tiempo que tardó Lavezzi en igualar.

Al Valencia le bastaba con un gol para forzar la prórroga y se lanzó al ataque, encerró a los franceses, movido por la batuta de Banega, que cambió la pinta de su equipo desde que tras el descanso puso el pie en el césped.

Pero el tanto no llegó. Como en la ida, los franceses hicieron un gran ejercicio de defensa. Desde el banquillo, Ancelotti taponó con la entrada de Sakho el hueco que su zaga presentaba en la banda derecha, por la que más peligro había llevado el Valencia. Y al Valencia no le llegó para completar el milagro.

Porque lo que necesitaban los valencianistas era algo sobrenatural. Tenía que vencer por dos goles a un equipo que sumaba 22 encuentros consecutivos sin perder en su estadio. Y vencer otra estadística, la que marcaba ocho partidos de los valencianos sin ganar fuera del suyo en partido eliminatorio en Europa.

El tanto desestabilizó al PSG y dio fe al Valencia, que comenzó a serenar su juego y a hacer temblar una defensa que hasta ese momento había mantenido la solidez.

Desde el banquillo reaccionó Ancelotti poniendo en el césped a Gameiro y la velocidad del joven atacante parisiense, que hizo su debut en la Liga de Campeones, equilibró el encuentro.

Incluso en el marcador, porque una jugada de Gameiro, con su velocidad y su fuerza ante los centrales valencianistas, sirvió para que Lavezzi igualara la contienda.

El argentino se aprovechó de la jugada de Gameiro y la completó con potencia. Se estrelló una vez contra Guaita, pero el rechace le cayó en los pies y a la segunda no falló.

El Valencia no se descompuso y dejó los mejores minutos. Encerró a su rival, presionó hasta el hastío, pero le faltó contundencia. El PSG dudó, pero no fue suficiente. La fatiga y la reacción parisiense equilibró el partido. Al contragolpe, los parisienses gozaron de alguna oportunidad, pero el encuentro quedó eliminado.

EFE

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