26 de junio de 2018 - 00:00 “El mate amenazado” es el título de la crónica que publicó en The New York Times el prestigioso periodista argentino Martín Caparrós, quien estuvo de paso este lunes en Montevideo y aprovechó para ver el partido entre Uruguay y Rusia en la calle: “Uno de los países más pequeños del Mundial contra el más grande, para volver a demostrar que el fútbol no es una rama de las matemáticas”.
Vio el encuentro junto a cientos de personas en la Plaza Matríz, frente a una pantalla de cinco metros por dos, junto a “barrenderos, carteros, albañiles, mujeres mayores, mujeres con chicos, oficinistas, mendigos, estudiantes”.
Y dice Caparrós: “Los uruguayos sienten el fútbol como —casi— nadie, pero no pueden gritar los goles como —casi— todos, lanzando los brazos hacia arriba; si lo hicieran —me temo— perderían el termo. Me preocupa, los miro. Mi vecino el cartero no tiene mate, pero un compañero suyo nos convida”.
Tras el primer gol, de Luis Suárez, el periodista cuenta que sus vecinos “se agrandan”. Y sigue así: “A los 23 minutos Uruguay tiene un córner. Lo patea Torreira, un ruso lo rechaza y en la plaza explotan los gritos: parece que hay un gol, pero la pelota se aleja del arco; el cartero y yo nos miramos, cada vez más confundidos. Segundos después la repesca Diego Laxalt, la para, la dispara y, tras rebote en la pierna de Chéryshev, el gol gritado por fin llega a la pantalla. Se oyen más gritos, las bocinas”.
Después el árbitro Malang Diedhiou expulsa a Smolnikov y todo se termina. “Queda un tiempo, casi protocolar: los rusos no tienen idea de cómo remontar la triple carga de dos goles y un jugador menos. Y, para colmo, enfrente está Uruguay, un equipo que no tiene ningún prurito en hacerse fuerte atrás y lanzar largos pelotazos para sus dos delanteros asesinos. Y que cuando se hace fuerte se hace fuerte: ni Godín ni Giménez ni Coates ni Nández van a dejar pasar al contrario y la pelota al mismo tiempo”.
“Son así”, dice Caparrós. “Uruguay es una banda de hombres que no se hacen ilusiones. No solo por viejos, sino porque se diría que nunca se hicieron ilusiones, que empezaron por aprender que nunca tendrían nada que no consiguieran con el sudor de sus muslos peludos”.

Y describe de esta forma a Oscar Tabárez: “A su lado ese técnico con muletas, el abuelo que sigue en la casa de la familia porque qué vas a hacer, después de tanto tiempo, y al rato el tercer gol, cuando ya estaba todo dicho, que sirvió para mostrar su fuerza: los dos nueves tremendos, Cavani y Suárez, que se lanzaron a aprovechar el rebote del arquero ante un cabezazo impecable de Godín en un córner y casi chocan el uno con el otro; dos nueves ávidos de esos de los que todo equipo quisiera tener uno”.
Uruguay se clasifica sin un solo gol en contra “y en la plaza ya somos muchos cientos, muchos gritos”, dice el periodista argentino. “Es cierto que tampoco jugó contra ninguno bueno: Arabia Saudita, Egipto y Rusia. Ahora empieza”.
¿Qué pasará el sábado? Este es el vaticinio de Caparrós: Uruguay “puede, como sabemos, perder con cualquiera, ganarle a cualquiera. Pero, si sigue así, pondrá en peligro miríadas de termos".