Una carta con la confesión de un asesino y su ADN permitió que la policía de Florida, Estados Unidos, aclarara el misterio de la muerte de Regina Harrison, en 1983. El problema es que otro hombre, Ronald Stewart, ya había cumplido la condena por ese crimen y había muerto en la cárcel.
Un hombre murió en la cárcel por un crimen que no cometió
Ronald Stewart, un hombre de Florida, Estados Unidos, fue sentenciado por el asesinato y falleció encarcelado en setiembre de 2008.
El hombre se había declarado inocente y la hermana del verdadero asesino, Jack Harold Jones, había presentado una carta con la confesión del asesinato, pero las pruebas de ADN no estaban disponibles en la década de los 80.
No fue sino hasta décadas después que nueva evidencia llevó a que la policía reabriera el caso y descubriera la verdadera identidad del asesino. Stewart fue exonerado, pero aunque este descubrimiento hubiera pasado antes él no hubiera salido en libertad ya que estaba sirviendo tres penas consecutivas de 50 años por otros crímenes.
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