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Adolescentes consumen energizantes como alcohol: alertan por impacto y falta de control

Psicólogos advierten sobre la falta de percepción de riesgo, el impacto en el sistema nervioso y la necesidad de información, acompañamiento y diálogo.

29 de abril de 2026 - 15:26

La última encuesta de la Junta Nacional de Drogas indica que los adolescentes en Uruguay consumen bebidas energizantes en niveles similares al alcohol. Psicólogos advierten sobre la falta de percepción de riesgo, el impacto en el sistema nervioso y la necesidad de información, acompañamiento y diálogo.

El psicólogo Juan Pablo Cibilis señaló que a los jóvenes “les sorprende que sea considerada una droga” y que muchas veces “no lo pueden entender o descifrar”, por lo que “hay una buena tarea como educador”. En ese sentido, sostuvo que “no hay una percepción del peligro” y remarcó: “Cualquier consumo cuando uno tiene un cerebro en formación es problemático”.

Cibilis también planteó la necesidad de contrarrestar el marketing de estas bebidas con información: “Se asocia directamente con más energía” por su efecto sobre el sistema nervioso central, y advirtió sobre su combinación con otras sustancias: “Qué pasa si se consume mezclada con alcohol, qué mensaje le estás dando a tu cerebro”.

Por su parte, la psicóloga Julia Alderette vinculó el consumo con exigencias académicas y de rendimiento: “Hay muchos adolescentes que recurren a estos energizantes que son inyecciones de cafeína y de azúcar que potencian el rendimiento”. Según indicó, se perciben como “el camino fácil”, aunque “si eso se hace habitualmente se corre en riesgo, es nocivo para nuestra salud”.

Ambos especialistas coincidieron en que el abordaje debe centrarse en el diálogo. Cibilis subrayó la importancia del rol adulto en una etapa que definió como “de mucha fragilidad”, donde “necesita un adulto que esté mediando, que esté acompañando”. También señaló que las conductas adolescentes se vinculan con los hábitos de los adultos y con dificultades para “pausar” y generar espacios de reflexión.

Alderette, en tanto, apuntó a la forma de comunicación: “Cambiar esas palabras hace que el adolescente se pueda acercar”, y planteó la necesidad de construir confianza para que el joven “pueda decir si algo mal sucede” sin temor a sanciones.

El informe también amplía el concepto de consumo más allá de sustancias, incluyendo tecnología y redes sociales. Cibilis afirmó que el adolescente “se va vinculando con las cosas que consume”, mientras que Alderette advirtió que sin acompañamiento “es propenso a caer en conductas adictivas”.

En ese marco, ambos hicieron hincapié en la presencia adulta y en generar espacios de intercambio desde edades tempranas. “No esperar que tu hijo tenga 15 para generar espacios de diálogo”, indicó Cibilis, quien también remarcó la importancia de la disponibilidad emocional.

Sobre los vínculos, Alderette señaló que predominan las interacciones virtuales y que “muchos vínculos quedan en eso”, lo que genera preocupación en consulta. En esa línea, propuso que los adultos se involucren en el mundo digital de los adolescentes para comprender sus intereses y fortalecer la comunicación.

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