La historia del pueblo se remonta a 1763 cuando el virrey Cevallos instaló una estancia en tierras que, en ese entonces, pertenecían a la corona española y la denominó "José Ignacio".
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El cambio de José Ignacio: de zona ganadera a balneario exclusivo
Se cree que el nombre lo tomó de un poblador antiguo que se llamaba José Ignacio Silveira, pero otras versiones hablan de un indio que trabajaba para las misiones de los jesuitas.
Debido al gran número de naufragios que había en las costas rocosas, cercanas a José Ignacio, en 1877 se terminó de construir un faro de 32 metros y medio de altura.
La concesión para mantener el faro la tuvo la empresa Costa & Compañía y en 1907 la estructura pasó a manos del Estado uruguayo.
El director del Museo, Sebastián Manuelle, explicó que el faro era un "lugar ganadero" y luego pasó a ser un sitio donde decenas de personas concurrían a pescar.
Los actuales residentes decidieron mantener viva la historia del pueblo y fue por ello que, con apoyo de privados, se logró crear el Museo de la Imagen y la Memoria de José Ignacio.
"La iniciativa surge de una vez que empecé a comentar que realmente hay cosas interesantes para ver de José Ignacio y no solamente era el glamour del lugar", indicó Manuelle.
El balneario, actualmente elegido por europeo y argentinos, mantiene características únicas desde su fundación: como la ausencia de ruido, cartelería o banderas.
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