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Informe especial

Le robaron a sus hijos en 1976 y se reencontraron 30 años después: la historia de Noemí, Lorena y Héctor

A Noemí le quitaron a sus niños y penó buscándolos durante décadas, hasta que las redes sociales allanaron el camino.

9 de octubre de 2026 - 20:31

Noemí Elizabeth llegó a la Casa Cuna del Consejo del Niño, predecesor del actual INAU, con apenas un año, tras el fallecimiento de su madre.

Pasó allí su infancia y adolescencia institucionalizada, donde vivió momentos difíciles. “Nos decían que si estábamos ahí era porque nadie nos quería y te vas criando con que sos poca cosa, que no servís, que no te quieren”, recuerda.

En 1974 tuvo su primera hija en el Hospital Pereira Rossell y la llamó Lorena Loreley. Dos años después nació Héctor. El padre de los niños no se hizo cargo.

Noemí pasó de la Casa Cuna al Hogar Yaguarón, donde vivían madres solteras. Trabajaba durante el día y luego regresaba al centro para estar con sus hijos.

Un lunes de 1976, cuando Lorena tenía tres años y medio y Héctor apenas siete meses, volvió al hogar tras trabajar todo el fin de semana y se encontró con que sus hijos no estaban. “Nadie me lo explicó. Los insulté en todos los idiomas, agredí a la directora. Me dijeron que había una familia que necesitaba tener a los chicos, que yo con mi sueldo no iba a poder mantenerlos”.

Noemí sintió “impotencia, bronca, odio”. Tenía apenas 19 años.

Los buscó durante años: hizo la denuncia ante la Policía, fue al Registro Civil, donde le dijeron que no tenía hijos y que los documentos se habían quemado.

Mientras tanto, Lorena y Héctor iniciaron una vida con una familia adoptiva. La mayor sabía que tenía dos mamás. A ella le contaron que Noemí no los podía tener y que, por ese motivo, los había dado en adopción.

Noemí se estableció en Buenos Aires, donde formó una nueva familia y tuvo otros dos hijos.

Lorena nunca pudo establecer un buen vínculo con su madre adoptiva y creció con la necesidad de volver a ver a su madre biológica. Recuerda que la mujer tenía una pequeña libreta, donde un día vio que allí estaban su nombre, el de su hermano, de su madre y un número, con el que fue al Registro Civil para pedir una partida de nacimiento. Allí le entregaron una con la legitimación adoptiva, y Lorena les explicó que necesitaba la anterior. La respuesta fue que no existía, se había quemado.

Sin embargo, con el nombre “Elizabeth Romeo”, una amiga de Lorena consiguió localizarla a través de las redes sociales, 30 años después de su desaparición y madre e hija finalmente se reencontraron.

Lorena recuerda que quiso “agradecerle” y reconocer “lo difícil” que habría sido darla en adopción. A Noemí “se le transformó la cara”: “No los regalé, no los vendí, no los abandoné. A mí me los robaron”, contestó.

A Héctor le costó más aceptar la nueva historia, pero hace poco más de un año “destrabó todo” en una videollamada

Más allá del reencuentro, el caso nunca se aclaró.

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