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PINTURA

Mauricio Paz Viola, el artista de Carmelo que hoy desarrolla su obra en China

Vivió en Chile y Estados Unidos, y desde hace varios años desarrolla su carrera en China. Construyó una obra profundamente personal que encontró en Asia un escenario inesperado para crecer.

18 de junio de 2026 - 16:40 Por Florencia Pujadas

Mauricio Paz Viola tenía siete años cuando una imagen le provocó algo que no supo explicar.

Era un niño en Carmelo y todavía faltaban décadas para que su vida lo llevara a vivir en China. Sin embargo, aquella pintura quedó grabada en algún lugar de su memoria. Años después descubriría que pertenecía al artista chileno Roberto Matta, una de las figuras más importantes del surrealismo latinoamericano. Para entonces, sin saberlo, ya había comenzado una búsqueda que sigue acompañándolo hasta hoy.

"Sentí como si estuviera experimentando la pintura en mi cuerpo en lugar de verla con mis ojos. Fue como si algo hubiera explotado desde dentro", recordó. "Me dije a mí mismo que de eso se trata el verdadero arte: capturar la luz, recibirla y plasmarla a través del lenguaje visual", apuntó.

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Hoy, Paz Viola vive y trabaja en Pekín, donde se abrió camino dentro de una de las escenas artísticas más dinámicas de Asia. Sus obras fueron exhibidas en galerías, centros culturales e incluso en espacios tan poco convencionales como las pantallas del metro de la capital china. Pero detrás de ese recorrido internacional hay una historia mucho más personal.

La pintura apareció temprano en su vida. De niño pasaba horas observando imágenes en libros de historia, biología y arte. A los 14 años llegó al primer taller de óleo y quedó fascinado por todo lo que rodeaba a la creación artística.

"Los pinceles, los colores, el ambiente y sobre todo el olor a pintura al óleo. Lo veía mágico, alquímico, misterioso", contó.

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Con el tiempo desarrolló un lenguaje propio. Aunque durante años tituló sus obras, hoy prefiere que la mayoría permanezcan sin nombre. La decisión no es casual.

"Considero que darle un nombre a una pintura abstracta es condenarla a una interpretación subjetiva del artista. Prefiero ampliar la interpretación de los espectadores sin llevarlos hacia un lugar determinado", explicó.

En sus trabajos aparecen formas abstractas, capas de color y composiciones que remiten a paisajes interiores. Pero también hay huellas de su infancia en Carmelo. Las repeticiones de líneas, las superposiciones y ciertas estructuras visuales nacen, según él mismo reconoce, de los paisajes cotidianos que observó durante años: la rambla, los pabellones, las calles adoquinadas y el histórico puente giratorio de la ciudad.

A eso se suma la influencia de la cultura popular uruguaya.

"Las murgas, el candombe, los mascaritos, los tablados, las luces y los colores son parte de mi memoria. El color es algo muy importante y recurrente en mi obra y creo que viene desde ese lugar", afirma.

Su carrera lo llevó primero a Chile, donde continuó formándose y conoció a quien luego sería su esposa, una estudiante china que realizaba un intercambio académico. Después llegaron experiencias en California y Nueva York. Finalmente, hace varios años, se instaló en Pekín.

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Lejos de modificar radicalmente su forma de trabajar, la experiencia de vivir en distintas culturas le permitió observar cómo cambia la manera en que las personas interpretan una misma imagen.

"Dependiendo de la cultura y las tradiciones, una persona puede ver de determinada manera una obra. Incluso el significado de un color puede cambiar completamente de un país a otro", explicó.

Desde 2021 trabaja en Songzhuang, una de las comunidades artísticas más importantes de China. Allí desarrolla una producción que, según reconoce, se volvió más contemplativa con el paso del tiempo.

"Ahora tengo una búsqueda hacia lo meditativo, el espacio y el silencio. He disminuido la variedad de colores y también las formas. Busco imágenes con más calma y más reflexión".

Actualmente trabaja en una serie llamada "Flores nocturnas", iniciada en 2023, en la que imagina cómo podrían haber sido los seres vivos que habitaron la Tierra millones de años atrás.

Sin embargo, detrás de esa exploración visual sigue apareciendo una pregunta que lo acompaña desde hace décadas.

Cuando tenía 19 años, vivió una experiencia que describe como mística. Tras sufrir una caída en una casa abandonada durante una caminata por el campo, asegura haber tenido una visión de figuras luminosas que lo acompañaron en un estado entre el sueño y la vigilia. Desde entonces, dice, intenta volver a ese lugar a través de la pintura.

"Mis obras han querido repetir esa visión, esos mundos entre la realidad y lo intangible. Durante años repiten el mismo patrón: más allá de la oscuridad y de las formas mundanas hay luz y un mundo luminoso que quizás sea la respuesta a lo que buscamos", contó.

Quizás por eso, incluso después de exponer en China y abrirse camino en el competitivo circuito artístico de Pekín, Paz Viola sigue hablando del arte en términos de búsqueda más que de llegada. Como si aquella sensación que tuvo frente a una pintura de Matta a los siete años todavía siguiera guiando el camino.

Y tal vez sea justo eso lo que atraviesa toda su obra: la convicción de que algunas respuestas no se encuentran, sino que se persiguen durante toda una vida.

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