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"Uruguaya hasta las venas": la historia de Silvia, la policía que emocionó cantando a la Celeste en el Mundial

Emigró a Estados Unidos a los 23 años, trabaja como alguacil en Miami-Dade y se volvió viral al cantar Cielo de un solo color durante el debut de Uruguay en el Mundial.

19 de junio de 2026 - 11:55

Un video de apenas unos segundos alcanzó para conmover a miles de uruguayos. Mientras sonaba Cielo de un solo color en la previa del debut de Uruguay en el Mundial 2026, una mujer uniformada, ubicada junto al campo de juego, cantaba la canción con emoción. Era Silvia Nadal, una uruguaya radicada en Estados Unidos desde hace casi tres décadas, que terminó convirtiéndose en uno de los rostros más comentados de aquella jornada.

En una entrevista con AUF TV, Silvia contó que nació en Treinta y Tres porque su padre, policía, había sido destinado a ese departamento. Sin embargo, se crió en Montevideo junto a sus abuelos, en el barrio Pocitos. A esos abuelos, un tiempo después, les tocó emigrar. Desde niña soñó con reunirse con ellos en Estados Unidos.

"Ellos después se vinieron para Chicago, yo todavía estaba en la escuela, y dije que cuando pudiera tener mi propio pasaporte me iba a ir. Mi sueño era seguir a mis abuelos", recordó.

A los 23 años concretó ese objetivo. Aunque inicialmente pensó en instalarse en Chicago, el clima la hizo cambiar de planes. "No terminé en Chicago porque el frío me acobardó. Me gustó mucho más Florida", contó.

La vocación de servicio la acompañó desde siempre. Estudió enfermería, pero en su casa la actividad policial formaba parte de la vida cotidiana. "Mi mamá también es jefa de Policía retirada y mi papá fue durante mucho tiempo el único perito que tuvo Uruguay. En mi casa siempre había temas policiales", relató.

Hoy trabaja como alguacil para la Oficina del Sheriff de Miami-Dade, uno de los organismos policiales con jurisdicción sobre toda esa zona. Pero, aunque lleva años viviendo en Estados Unidos, asegura que nunca dejó atrás sus raíces.

"Soy uruguaya hasta las venas. Tomo mate, como guiso, hago carne con papas, asado, milanesas. Mis hijos comen nuestra comida", afirmó.

Cuando supo que el Mundial llegaría a Miami, tenía un deseo muy claro: trabajar en un partido de Uruguay. El sistema de asignación de eventos se realiza por antigüedad y experiencia dentro de la fuerza, por lo que presentó su solicitud para todos los encuentros que se disputarían en la ciudad.

"Yo puse todos los partidos que Miami era sede y dije: alguno me tiene que caer. Pedía por favor que fuera el de Uruguay, era el deseo y anhelo de mi corazón", contó.

La noticia llegó dos semanas antes del partido. "Me confirmaron no uno, sino los dos partidos de Uruguay", recordó con alegría.

Pero nada la preparó para lo que sintió el día del debut celeste. "Me desperté casi que llorando, estaba nerviosa. No era un evento más. Pensaba: 'hoy juega la Celeste'", relató.

Al llegar al estadio, la emoción siguió creciendo. Durante la reunión previa al operativo ya sentía que el corazón se le salía del pecho. Luego llegó el momento que jamás olvidará.

"Cuando vi dónde me había tocado, al lado del campo de juego, dije: 'No'. Y cuando vi que estaba forrado el banco de suplentes con la bandera de Uruguay, dije: 'Ta, me puedo morir tranquila'", recordó.

Entonces comenzó a sonar Cielo de un solo color. "Ahí empecé a cantar. Estaba contenta. Es una cosa inexplicable que solo nosotros entendemos", dijo.

Ese instante quedó registrado en video y rápidamente se volvió viral, acumulando millones de reproducciones.

Silvia no podía creer lo que estaba ocurriendo. "Tengo 50 pirulos, no es que tenga 20. Mis hijos me empezaron a mandar mensajes: 'Mamá, publicaron esto', 'mamá, mirá esto'. Y yo no entendía nada. Hoy por la mañana estaba en casi 10 millones de vistas", contó entre risas.

La repercusión la sorprendió aún más por el cariño recibido.

"Soy una persona común y corriente. Ver todos esos mensajes... no soy Maluma, ¿quién soy? Me pasé cuatro horas poniendo likes y respondiendo. Unos mensajes tan lindos que no te puedo explicar. Supuestamente hice llorar a muchísimas personas", relató.

Detrás de la emoción que mostró en el estadio también hay una historia personal. Cuando le preguntaron qué recuerdos le despertaba Uruguay, su respuesta fue inmediata: su hermano mayor, fallecido hace cinco años.

"Me hace acordar a él, a mi pelado carbonero", dijo.

La familia es fanática de Peñarol y Silvia conserva como un tesoro algunos objetos que le pertenecían.

"Cuando voy al estadio como espectadora o si voy a casa, uso la bandera y la camiseta de Peñarol que él usaba, que la tengo yo", contó emocionada.

Lo que para Silvia comenzó como una jornada laboral muy especial dentro de un operativo de seguridad terminó transformándose en una experiencia que difícilmente olvide. La uruguaya que emigró a Estados Unidos a los 23 años, que nunca abandonó el mate, el asado ni sus costumbres, terminó emocionando a millones de personas simplemente por hacer lo que hace cada vez que juega la Celeste: cantar, recordar y sentir a Uruguay como si nunca se hubiera ido.

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