Leodán González representa nuevamente al arbitraje uruguayo en la Copa del Mundo de la FIFA 2026, esta vez desempeñándose en la función de árbitro VAR, una "responsabilidad" en la que hace hincapié.
Un árbitro uruguayo en el Mundial 2026: su historia en el arbitraje y los desafíos de una carrera que no soñó
En su segunda cita mundialista con la FIFA, Leodán González reflexiona sobre una profesión que lo "enamoró" por casualidad mientras estudiaba abogacía.
Un origen lejos del silbato
A diferencia de la mayoría de los protagonistas del fútbol, el camino de González no comenzó con una vocación temprana: “Yo no soñaba con ser árbitro, yo soñaba con jugar al fútbol; ningún niño nace a los siete u ocho años diciendo 'por la vida voy a ser árbitro de fútbol'”, confesó el colegiado al recordar sus inicios.
Su vínculo con el rol nació de una necesidad de reconexión con el deporte: en 2002, mientras se encontraba en Montevideo estudiando abogacía tras haber dejado de jugar, decidió inscribirse en el curso de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) para mitigar la nostalgia de las canchas. Pese a que en su primer contacto con el uniforme se sintió "raro" e incluso evaluó abandonar la formación, la profesión terminó por atraparlo.
Lo que comenzó como una alternativa para estar cerca del fútbol derivó en una carrera que lo llevó a escalar desde las categorías juveniles hasta los estadios más importantes del mundo.
El desafío de la permanencia
Para González, el éxito de un árbitro no se agota en la participación en un torneo de gran magnitud. Si bien un Mundial es la cumbre profesional, el uruguayo sostiene una visión de largo plazo sobre su oficio: “Sostener una carrera arbitral, reponerse a veces a momentos difíciles porque no siempre, como todo deportista, nos sale bien; creo que ese es el mayor logro”, explicó, contrastando los 30 días que dura una cita mundialista con los más de 20 años de trayectoria que requiere llegar a ese nivel.
En ese sentido, destacó que la verdadera dificultad radica en la regularidad y en la capacidad de superar las críticas y los errores propios de la alta competencia, factores que forjan el carácter de un árbitro de élite.
Dentro de su extenso repaso, González destacó como un momento "histórico" su participación en la final de la Copa Libertadores 2018 entre River Plate y Boca Juniors. Aquel partido, que debió trasladarse de Buenos Aires a Madrid, marcó un hito para el equipo arbitral uruguayo que estuvo a cargo en el Santiago Bernabéu.
Como testimonio de su recorrido, el árbitro conserva en su hogar recuerdos que simbolizan sus mayores logros, como los balones oficiales de las finales continentales y mundiales. Entre risas, reveló la estricta norma doméstica que rige sobre estos objetos: "Esa pelota no se toca", les advierte a sus hijas cuando intentan jugar con los balones que guardan el sello de su historia profesional.
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