3 de enero de 2014 - 00:00
Roger Federer volvió a deslumbrar a propios y extraños en el torneo de Brisbane, cuando colocó un smash que picó en cancha rival y retornó a la suya sin que el adversario pudiera tocar la pelota.
Roger Federer volvió a deslumbrar a propios y extraños en el torneo de Brisbane, cuando colocó un smash que picó en cancha rival y retornó a la suya sin que el adversario pudiera tocar la pelota.
Desde su compañero en ese partido de dobles, hasta sus rivales, al igual que todo el estadio y hasta el propio autor no salieron del asombro tras otra pincelada mágica del suizo más laureado en la historia del tenis.
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