El pasado 9 de agosto, la holandesa Adelinde Cornelissen, atleta de adiestramiento ecuestre en Río 2016, se retiró de la competencia al darse cuenta de que su caballo estaba enfermo. La deportista, de 37 años, decidió que la salud de su compañero era más importante que ganar una medalla olímpica así que saludó y desistió de participar al salir a la pista.
Priorizó la salud de su caballo y abandonó competencia en Río
Parzival, el animal de 19 años, ya la había ayudado a obtener la plata individual y el bronce por equipos en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.
En su cuenta de Facebook, Cornelissen escribió: "Con tal de protegerlo, decidí renunciar. Mi compañero, mi amigo, el caballo, lo dio todo siempre por mí a lo largo de toda su vida y no se merecía que yo lo pusiera en peligro".
Así, añadió que "los veterinarios llegaron a la conclusión de que el caballo fue mordido por un insecto, araña o algún tipo de animal que produce sustancias tóxicas".
El caballo contrajo fiebre y tenía la cabeza hinchada el día antes del evento. Le dieron líquidos, le hicieron pruebas de sangre y pasó por los Rayos-X, pero comenzó a levantar temperatura poco antes de iniciar una competencia.
Ante esa situación inprevista, la joven desistió de pelear por una medalla y priorizó la salud del animal. Se bajó del equino, saludó y se despidió. Días después, volvió a postear en Facebook que el caballo ya estaba mejor.
"Estoy feliz. Parzi es feliz y está en forma otra vez", apuntó.
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