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Entre caminos, recompensas y esfínteres: una crónica del ciclo Tabárez

A los 74 años el entrenador celeste dejó su cargo tras ser cesado por la AUF.
19 de noviembre de 2021 - 00:00

Por Danilo Costas Del Castillo.

Madrugada en Uruguay. Un pueblo prendido frente a la televisión. Penales. La desolación. El llanto de los referentes y las caras bajas durante todo el día. Corría el año 2006 y Uruguay quedaba eliminado en la repesca contra Australia. Los uruguayos miraríamos el Mundial de Alemania por televisión.

El fin de ciclo de Jorge Fossati habilitó el regreso de Óscar Tabárez a la selección uruguaya con una carpeta bajo el brazo. ¿El contenido? Un "Proyecto de Institucionalización de los procesos de selecciones nacionales y de la formación de sus futbolistas". Nacía el proceso.

Una clasificación tortuosa al Mundial de Sudáfrica lo dejó en la cuerda floja. Otra vez repechaje. En los pasillos de la Asociación Uruguaya de Fútbol el rumor cobraba cada vez más fuerza. Tabárez dirigiría el Mundial y luego se buscaría un nuevo entrenador para buscar mejores resultados.

Pero llegó Sudáfrica y con esa cita mundialista los goles de Forlán, los trancazos de Diego Pérez, el empuje de Arévalo Ríos y el aporte refrescante de dos pibes destinados a romperla: Luis Suárez y Edinson Cavani. Jabulani mediante y con un Forlán en modo leyenda, Uruguay llegó a una semifinal luego de 40 años.

Los mismos que pedían la cabeza de Tabárez lo aplaudieron y el entrenador obtuvo un cheque al portador. Al año siguiente coronó el éxito en la Copa América de 2011 en Argentina. El proceso estaba en su pico máximo de rendimiento.

Tabárez ordenó la casa, impregnó a la selección de una serie de valores que parecían perdidos y generó una columna vertebral a prueba de balas. Clasificó a todos los mundiales y volvió a meter a Uruguay en el mapa.

Pero desde la brillante frase de "el camino es la recompensa" el propio proceso sufrió un deterioro, impulsado por el paso inevitable del tiempo y la falta de resultados. Uruguay no la pasó bien en todas las ediciones de la Copa América que jugó luego de 2011 y en el Mundial inmediato a 2010 se fue por la puerta de atrás en Brasil 2014.

En el medio se le cayeron soldados fundamentales como Diego Forlán, Sebastián Abreu, Diego Pérez, Egidio Arévalo Ríos, Álvaro Pereira y Maximiliano Pereira. El equipo sumó caras nuevas pero nunca volvió a ser el mismo.

A sus 74 años Tabárez encaró lo que llamó "el último baile", en un guiño artístico a la última temporada de Michael Jordan con los Bulls de Chicago luego de adueñarse de la NBA. Lo acompañarían su histórico cuerpo técnico y buscaría la gloria con Diego Godín, Edinson Cavani y Luis Suárez -escuderos también del mejor momento celeste bajo su era- como referentes.

Apalancado por sus buenos resultados, Tabárez mostró su cara menos amistosa con la prensa, no dudó en mostrar los dientes cuando sentía su ego amenazado y muchas veces sus declaraciones fueron certeros dardos para sus adversarios mediáticos.

Pero las cosas no salieron tal cual lo planificado y el año 2021 fue letal. Uruguay se olvidó de hacer goles, no sumó puntos y empezó a perder posiciones en la lucha por la clasificación a Catar 2022. En plena molestia por un resultado adverso Tabárez tomó un micrófono, llamó a "cerrar los esfínteres" y quedó en el ojo de la tormenta. Aquel maestro de escuela que identificó al pueblo uruguayo en 2010 por su humildad y capacidad de liderazgo estaba desconocido. El entrenador estuvo a punto de ser cesado y renovó el crédito por dos partidos más.

Ante Argentina y Bolivia no sumó puntos y recibió cuatro goles. Estaba sentenciado. El equipo quedó séptimo y el Ejecutivo de la AUF tomó la decisión de interrumpir el vínculo que lo unía a la selección desde hace 15 años.

A los 74 años Tabárez dejó de ser el entrenador de la selección nacional en un viaje en el que acumuló récords, le devolvió una identidad perdida a la celeste y supo darse el gusto de ser el entrenador más longevo en el cargo. 

La AUF tiene por delante la titánica tarea de encontrar un relevo que acepte dirigir cuatro partidos y luchar por llevar a Uruguay al próximo mundial, para que aquella sensación del fracaso de 2006 siga siendo solo un recuerdo amargo.

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