Una llamada en la que un supuesto comprador dice haber transferido más dinero que el solicitado, alguien que se hace pasar por un conocido y pide sacar un préstamo con alguna excusa o exige una suma para auxiliar a un familiar en medio de un proceso judicial, las falsas inversiones con promesas de rentabilidad extraordinaria… el antiguo cuento del tío se perfecciona día a día, y las estafas crecen exponencialmente.
El crecimiento de las estafas: el viejo "cuento del tío" evoluciona de la mano de la tecnología
Los expertos señalan que los delincuentes se valen de herramientas informáticas y otros elementos para perfeccionar la modalidad delictiva.
En 2013 se contabilizaban 38,7 denuncias cada 100.000 habitantes y en 2024 fueron 870,5. Las denuncias, en la última década, crecieron más de 1.500%.
Paulo Rocha, de la Dirección General de Cibercrimen, explica que este es “un fenómeno que acompaña el crecimiento de la tecnología”.
La abogada Carolina Vila sostiene que, “con la inteligencia artificial aumentaron los delitos de estafa, vía telefónica u online. Hay una estafa muy común que es el phishing, mediante el que los delincuentes hackean las cuentas de sus víctimas”, y Christian Alcaide, de la Unidad dee Delitos Informáticos de Cibercrimen, señala que los delincuentes “perfeccionan sus maniobras. Antes eran un poco más rudimentarios” y, actualmente, se valen de la última tecnología para engañar a las personas incautas.
Las estafas van desde el clásico engaño a una persona hasta la clonación de webs de organismos estatales y, a veces, los delincuentes pertenecen a organizaciones internacionales.
La tecnología, además, no solo sirve como medio para cometer la estafa, sino como forma de hacer inteligencia y recabar información de sus víctimas desde las redes sociales.
Los especialistas apuntan que este tipo de delitos ocurre, generalmente, entre las 12:00 y las 15:00, la hora de mayor movimiento, en el que la gente está “corriendo y apurada”, detalla Rocha. Vila advierte ante la “urgencia” con que piden el dinero. Esa, dice, es “una alerta roja”.
La tarea de los investigadores incluye la recuperación de la información de celulares, discos portátiles o computadoras de los sospechosos para obtener pruebas y evidencia clave para aclarar los casos.
Esto, aseguran, no es sencillo: el desencriptado de contraseñas puede demandar más de tres meses y existe un caso que demandó 450 días.
Ante un crecimiento tan elevado de este tipo de delitos y las dificultades para su resolución, lo más importante, entonces, es tomar precauciones para que las estafas no ocurran.
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